Torre de marfil

El alcalde, ahora con dos portavoces, corre el riesgo de esconderse más de los medios informativos, ante los que comparece poco

F. P. PUCHE

El Ayuntamiento va a tener ahora dos portavoces, uno de Compromís y otro del PSOE. Lejos de limitar la información que proporcionen a las áreas que se ha adjudicado cada partido, los dos, entiendo, van a informar al alimón de lo que vayan acordando los respectivos organismos municipales, tanto en el plano ejecutivo como en el normativo.

Se dirá que con esa doble portavocía Valencia gana en transparencia, en contraste de matices, en riqueza de información. Pero siendo esta una posible verdad, no dejo de echar en falta al protagonista principal del Ayuntamiento, al alcalde, el referente de la ciudad, que está llamado a ser el referente de la ciudad todos los días del año. Me temo, sin embargo, que desde ahora, con sus dos tenientes de alcalde en competición, el alcalde caiga en la tentación de blindarse, de distanciarse de la calle y de los medios informativos. Reservarse ese papel de Gran Supervisor Sin Opinión que le caracteriza, ese estatus de 'primus inter pares' que le ha funcionado cuatro años, podría ser bueno para su hipotético fin de carrera; pero no sé si va a ser lo que más le conviene a la ciudad.

El alcalde de Valencia no concede apenas entrevistas, no va a las emisoras de radio, no visita estudios de televisión. Y habla muy poco, diariamente, para los medios informativos; si sale del despacho, sus asesores le preparan un breve encuentro con la prensa, lo que en el argot se llama «un canutazo». Habla de una playa cerrada, o de un carril-bici; pero no da tiempo para la reflexión, la repregunta o el análisis pormenorizados de los asuntos que atañen a la ciudad. Con lo que deja al descubierto un flanco sustancial que en el futuro podría quedar aún más olvidado: la proyección, los proyectos y anhelos, las aspiraciones y los horizontes de la ciudad. Si lo primero es una falta de respeto que los medios informativos hemos aceptado, lo segundo es una orfandad que Valencia no merece.

Pongamos un ejemplo sustancial, de estructura administrativa: ¿Quiere Ribó un Ayuntamiento gerencial con ley autonómica de Capitalidad y Carta Municipal aprobada en Cortes Generales? Dígalo con claridad, exponga los detalles y ofrezca pistas sobre la estrategia para conseguirlo. Valencia necesita saber lo que su alcalde piensa en lo profundo; lo que desea con la mirada puesta en el 2050. Es preciso que un alcalde configure el horizonte hacia el que vamos, cosa que no ha ocurrido con claridad suficiente ni en el trascendental discurso de investidura. La ciudad merece y reclama saber a dónde se dirige. Incluso para discrepar del modelo y proponer alternativas; incluso para rechazarlos, toda ciudad necesita tener sueños.

Si a esas características inciertas del presente unimos la reducción de la capacidad de preguntas a la oposición, recientemente decidida, no cabe duda de que Valencia tiene un alcalde al que le tienta vivir, cada día más, en una envidiable, confortable Torre de Marfil. Y como la oposición no se ponga las pilas cuanto antes...