EL TOQUE

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

En Japón lo llaman 'kodokushi'. Es la 'muerte en solitario' que cada vez se instala más en el país nipón a pesar de la reverencia hacia los mayores propia de su cultura. Los expertos andan preocupados por la ruptura de los lazos entre padres e hijos cuando aquellos van envejeciendo. Allí, como en Suecia, hay empresas que se encargan de limpiar y recoger las casas en las que alguna persona mayor ha muerto en soledad. E incluso de localizar a los allegados, al menos, para que sepan que esa persona ha fallecido. Es un trabajo ingrato pero en aumento porque en muchas ocasiones no encuentran a los familiares ni estos muestran intención alguna de tener noticias del difunto. O simplemente, encargan que otros vacíen la casa y la limpien. Para quienes hemos crecido en una familia de lazos fuertes, resulta inasumible que un extraño decida qué hacer con el álbum de fotos de los padres, con su colección de abanicos pintados o con sus soldaditos de plomo. Son objetos que al ajeno no le dicen apenas nada pero al hijo, al hermano o a la sobrina les hablan de quienes se fueron. Les resumen una vida y las bases de la propia.

En Galicia, en lo que llevamos de agosto, han encontrado al menos a cinco mayores fallecidos en su casa, algunos desde hace tiempo, y se ha activado la alarma. Resulta inquietante que zonas de gran tradición familiar estén enfrentándose a ese problema creciente. Y no puede achacarse a que se trata de zonas rurales frente a las urbanas o pobres respecto a ricas. Al contrario, Japón es una de las grandes potencias mundiales y, en cambio, vive el drama a diario. Nos recreamos en las redes sociales pero olvidamos las redes primarias. Solo en Valencia, son 40.000 los adultos mayores que viven solos. Y no hay un Facebook que les dé un toque, hasta que, a veces, es demasiado tarde.