'Tontolaba'

ANTONIO BADILLO

Atruena extemporáneo el cántico, caray con la fiebre del sábado noche, dispuesto a emponzoñar el amanecer rutinario de un pueblito de l'Horta. «In-de-in-de-pen-dèn-ci-a», traslada la penumbra. No es el minuto diecisiete de un partido cualquiera del Camp Nou, no. Tampoco se otea una masa borreguil tras la soflama de andar por casa, sino apenas cuatro mocosos a quienes aún les vienen grandes las palabras, cuatro luciérnagas perceptibles a la legua por el brillo de sus móviles. Hormonas adolescentes para la estupidez humana. El contexto delata que no saben ni lo que cantan, que la única independencia que quizá añoren sea la paterna, un salvoconducto que les ahorre algún que otro pescozón de madrugada como tosco recordatorio de que de vez en cuando hay que mirar el reloj para pensar que existe un mañana y no debe sorprendernos pasados de rosca. Simplemente replican mensajes ajenos como lo haría el loro de John Silver, de la misma forma que podrían canturrear el himno de Asturias o los acordes de los Pecos. 'Microplástico', 'aporofobia', 'populismo', 'refugiado', 'escrache'. Excepto la frívola 'selfi', la alfombra roja del léxico español que teje Fundéu con sus palabras del año señala los derroteros por los que deambulamos. Contaminación, crueldad, manipulación, miseria, intolerancia. Hagamos hueco entre las candidaturas de 2019 al término 'tonto del haba', en su versión de bolsillo 'tontolaba', justo homenaje a nuestro peculiar comando independentista y a tanto rebelde a tiempo parcial que articula gruesos vocablos cuyo significado y alcance desconoce. De camino al pub del pueblo, transita el cuarteto junto a un solar entre cuya maleza se yergue un muro donde puede leerse: «La revolución no se hace de botellón». Qué intensito viene el futuro. Y decía Obélix que los romanos estaban locos.