TODO EL PP ENTRE LAS DOS

- Burguera
- BURGUERAValencia

Es extraño el mucho tiempo que ha necesitado el PP, de manera consciente o inconsciente, para poner en la misma tarjeta de visita electoral a Isabel Bonig y María José Català. Raro porque, sumadas, aglutinan todo el sentir de los populares, mientras que separadas, enfrentadas o, simplemente, en solitario, no logran convocar tanto. Al partido azul le ha costado cuatro años dar visibilidad a un tándem que se complementa, si bien es cierto que ese conglomerado de sensibilidades no siempre conviven felices bajo un mismo techo. No obstante, quien conviva feliz bajo el mismo techo de manera permanente, que tire la primera piedra, tanto en política como en cualquier otro ámbito de la vida. Lo de Català y Bonig, más que una cuestión de amor es un asunto de practicidad, un espíritu pragmático que siempre casó bien en el PP, y que es difícil dirimir en qué momento se dejó solapar por un sentir demasiado emotivo.

La candidata autonómica enciende el corazón de los populares con el pulso más caliente. Sus formas entroncan con una parte del electorado del PP al que no llega Català. El fondo ideológico de Bonig la sitúa en una derecha clásica, liberalismo al estilo de la exprimera ministra británica Margaret Thatcher, tal y como a la propia presidenta del PPCV le gusta comentar. La candidata de los populares a la alcaldía de Valencia encarna la versión menos vehemente del partido. Sus formas no generan el mismo entusiasmo en una parte del votante popular, que reclama un lenguaje más directo. Su fondo va más hacia el centro del espectro de los afines al PP. Lo que una gana en la militancia lo pierde entre los votantes menos fieles, y viceversa. Sus virtudes se complementan porque seducen a dos tipos de votante distintos, quizá no enfrentados pero sí con sensibilidades muy dispares dentro de aquellos ciudadanos que se sienten cercanos a los postulados del PP.

Por otro lado, su modo de debatir con la izquierda también genera reacciones distintas, e igualmente complementarias. Bonig indigna, su verbalidad enfada a la izquierda valenciana, la calienta. Cuando la candidata popular a la Generalitat realiza un buen discurso, en las filas contrarias se enervan con la sensación de que están siendo retados en sus principios. Al igual que ocurre con su electorado, Bonig toca la fibra del contrario. Sin embargo, Català aprieta otras teclas del rival. Cuando la candidata del PP a la ciudad de Valencia sube a la tribuna de Les Corts entonada genera temor, un silencio propio del que piensa que tiene delante a un personaje peligroso para sus intereses. Por todo esto, por lo que generan en los suyos y en los contrarios, es extraño el tiempo que ha necesitado el PP para juntar sus dos almas.