El tiro por la culata

MANU RÍOS

La imagen victimista de un presidente que le echa la culpa a todos, menos a él, no solo resulta ridícula sino también ofensiva. Porque una cosa es teatralizar el mensaje y otra tomarnos por imbéciles. Volvemos a elecciones porque él quiere y punto. Sánchez siempre lo ha querido. Sus mohines estudiados le delatan. No saber disimular la incomodidad y la inseguridad es un gran problema para un líder político. Hasta catorce segundos de silencio necesitó para responder si dimitirá en caso de no conseguir formar gobierno tras los nuevos comicios.

Aunque en el plano corto pierde mucho, nos queda claro que quiere ganar y de paso desinflar a Ciudadanos y cargarse a un Podemos que le ha salido respondón. Espejito, espejito ¿quién es el más guapo del reino? La guerra de egos agota mucho, incluso hasta quitarte el sueño. Ocuparse del país, ya si eso lo dejamos para otro día. Los ciudadanos estamos hartos y por fortuna muchos políticos honestos también. Algunos incluso están hasta avergonzados. Cuatro elecciones en cuatro años y 500 millones tirados a la basura es demasiado para cualquier país solvente. De momento la página del INE donde pedir no recibir propaganda electoral quedó colapsada el primer día con más de cien mil peticiones.

Esta vez las encuestas dicen que la jugada le va a salir muy bien a Sánchez y regular mal a Rivera e Iglesias. La tendencia es la de un país virando de nuevo hacia el bipartidismo clásico, donde los pequeños ya no marquen el paso. Oltra lo ve claro y apuesta por un Compromís en clave nacional con Baldoví coaligado con Unidas Podemos. Otra cosa será la factura que el 10N pase en la política regional y en el tripartito valenciano. Y no pinta bien la cosa.

Sánchez hace mal en vender la piel del oso antes de cazarlo. Entre otras cosas porque el Supremo le puede desbaratar los planes y los ERE de Andalucía también. El tiro le puede salir por la culata. Que le pregunten a Susana Díaz o a Artur Mas, que adelantaron elecciones para quedarse mucho peor de lo que estaban. Y batacazos se han llevado todos. Las heridas de abril todavía duelen en el PP, Compromís y en Podemos, e incluso en el PSPV, que todavía recuerdan la tensa noche en que ganaron escaños pero a punto estuvieron de no poder celebrar un Botànic II. Es la emoción de la democracia. Hasta el recuento final de papeletas hay partido.

Y en ese ritual emocionante vamos a participar una vez más porque la democracia ni es ni será nunca será el problema. Otra cosa es el uso que hacemos de ella. Los partidos tienen dos meses para corregir los errores de las pasadas candidaturas, con 'fichajes' de escaso nivel y cargos poco preparados. Las paellas con amiguetes hay que dejarlas para los domingos. En los parlamentos se necesitan cosas mucho más serias. En la empresa privada muchos habrían recibido la carta de despido.