Que tiren una moneda al aire

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

A partir de este año ya no iba a haber más cambios horarios. Lo había decidido la UE, atendiendo a la creciente oposición ciudadana a esta monserga semestral, y naturalmente con el beneplácito de los gobiernos de los países miembros. Que cada país estudie con rapidez lo que más le convenga, dijeron los de Bruselas. Y todos se aplicaron a la labor. Que si nos interesa más estar con el horario alemán, que si mejor con los portugueses, que van con la hora de Londres; a unos les parece que debe amanecer más pronto, a otros les conviene que anochezca más tarde... Lo normal, disparidad de opiniones y criterios. Razones para todos los gustos, estudios en apoyo de una cosa y de la contraria. Que si el turismo, que si la compatibilización de actividades, que si a la hostelería le iría mejor así o asá. Vale, creemos una comisión que estudie el asunto y dictamine lo que es mejor, dijo el Gobierno español, y la comisión se puso a trabajar. Pasó el tiempo, la comisión se enzarzó en si se dejaba el horario de invierno para siempre o se ponía fijo el de verano. Al final resulta que tampoco se ponen de acuerdo los 13 expertos, porque hay razones para todo. Y en los demás países igual. Así que España ha aplazado hasta 2021 la decisión, y lo mismo en el resto de la UE, porque no ha habido 'conclusiones concluyentes' y se esgrimen motivos de todos los colores, con ejemplos de repercusiones económicas y culturales casi infinitas. Para mayor complicación, entre los expertos parecía haber más favor por el horario de invierno, mientras que una encuesta reveló que al respetable se le ve más proclive al de verano. Vamos a pensarlo más, han concluido, pero al final tendrá que haber alguien que decida y corte por lo sano. Aunque sea tirando una moneda al aire: cara o cruz. Luego nos acostumbraremos todos a lo que haya.