El tipo de las manos

Sánchez ha ido más de Houdini que de Tamariz. Ha sido más un escapista que un buen mago

María José Pou AMÉRIGO
MARÍA JOSÉ POU AMÉRIGO

Voy a echar de menos sus manos. De toda la legislatura lo único que añoraré en las noches frías de invierno serán las manos de Sánchez. Debe de ser mi vena fetichista pero esas manos decían tanto del marido de Begoña y tan poco de la acción de gobierno que mi único recuerdo dentro de unos años serán las fotos de las manos de Sánchez. No sé si en el partido lo han llegado a pensar ni qué diría Tezanos si tuviera que preguntarlo en el CIS pero yo escogería eso como cartel electoral para el 28 de abril. Sería rompedor, peculiar y diferente. ¿A quién votar? Al tipo de esas manos. Muchas mujeres y algunos hombres me apoyarían en la propuesta. De hecho, su asesor vio en ellas un modo de resumir lo que podía esperarse del nuevo gobierno. ¿Y qué podían hacer las manos? Unas manos así pueden hacer daño, pueden producir placer, pueden ahogar sin dejar rastro, pero también pueden hacer malabares y trucos de ilusionista. Justo eso es lo que hemos tenido con Sánchez y quién sabe si volveremos a experimentar. Sin duda, ha tenido mucho de prestidigitador, pero no logrando mejorar la vida de los ciudadanos sin hincharlos a impuestos, que sería magia nivel Flora, Fauna y Primavera, las tías aladas de Aurora, la Bella Durmiente, sino triquiñuelas de trilero escondiendo la bolita en el decreto-ley con tal de ganar siempre frente al incauto.

Y el problema del ilusionista no es que haga trucos. Todos sabemos que David Copperfield los hace, pero su función es entretenernos con un gran espectáculo, no gestionar la cosa pública con el dinero de todos. Y todas. El buen mago no es el que nos convence de que no hay truco sino el que lo hace de tal forma que el público se siente incapaz de decir dónde está; parece algo imposible. Sánchez ha ido más de Houdini que de Tamariz. Ha sido más un escapista que un buen mago. Su especialidad ha sido huir, serpenteando como una culebra, para no verrse sometido al Senado, a la prensa o a la presión ciudadana. Ha ido sorteando obstáculos para mantenerse a flote sin hacer aquello para lo que dijo que arrebataba el poder al PP: para convocar elecciones. Es cierto que según el CIS -con filtro Tezanos en la foto- estos meses han servido al PSOE para recuperar terreno electoral, pero lo ocurrido en Andalucía no augura un éxito rotundo al partido de la rosa. Quizás por eso -y/o porque sea cierto- también pronostica un subidón de Vox que puede cambiar del todo el rumbo de la política española y no digamos, apenas unas semanas después, la del resto de administraciones sometidas a cambio. Que un CIS tan cocinado no rebaje esa previsión puede responder también a la necesidad de tensión que ya manifestara el modelo de Sánchez, Zapatero, a Iñaki Gabilondo. Vox puede tensionar y movilizar a la izquierda. Y entonces sí, si ganara el hombre de las manos, que ya presume de presidente, se sentiría elegido por la gracia de dios y por los siglos de los siglos. Amén.