El tentetieso

Antonio Badillo
ANTONIO BADILLOValencia

Puesto a situarme en lo peor, preferiría ser estafado por George Clooney y su panda de guaperas en 'Ocean's Eleven', o por Robert Redford y Paul Newman bajo el embrujo de Scott Joplin al piano, a que me la dieran con queso Toni Leblanc, Antonio Ozores y su timo de la estampita. La investigación desvelará si el fraude a la EMT tiene más de los unos o de los otros, pero a la vista de las reacciones el paralelismo fílmico evidente lo vamos a encontrar en la comedia gamberra de los ochenta. ¿O acaso no asistimos en el plano político a una adaptación sui géneris de 'Aterriza como puedas'? En pantalla nuestro Leslie Nielsen doméstico y su concejal tentetieso sortean las turbulencias y tratan de amodorrar al inquieto pasaje con una peli del mejor género fantástico mientras en la intimidad canturrean a dos voces el 'Pasándolo bien' de La Mandrágora, pellizcando la voz como Sabina cuando llegan a aquello de «hay también quien se dedica a disparar balas que me rozan pero no me dan...» Pues no, no les dan, porque aquí han desaparecido cuatro millones de euros de dinero público y desde la cabina sólo nos llegan evasivas sin un huequito para la autocrítica, resultado del efecto placebo común a quienes sienten que vaya como vaya la partida siempre les quedará una bola extra. Hemos visto desfilar por el centro de la diana a una directiva despedida y al banco que articuló la voz de alarma. Sin embargo, el dedo acusador municipal no adjunta a su enconada defensa de los protocolos de seguridad una explicación convincente en torno a aquellas auditorías aguafiestas que anticipaban riesgos, o que aclare al menos cómo puede la supuesta negligencia de una única persona desactivar toda esa infalible red de alertas -incluida la firma de un alto cargo de baja- hasta mandar nuestra pequeña fortuna a recorrer por carril bus la ruta de la seda. Lo de la estafa parece cosa seria, sí, pero el negociado de Grezzi desprende un inequívoco tufillo a chapuza.