Fin de temporada

BORJA RODRÍGUEZ

Estará de acuerdo conmigo que a estas alturas del año justo cuando se acaba el curso y llega el verano, estamos como una auténtica olla a presión a punto de estallar: el mes de ulio es un horror. Y la mayoría de las empresas no son conscientes o no se han parado a pensar que parte de su plantilla está a punto de implosionar. Como las fichas del dominó también afecta en consecuencia a la familia, los niños y hasta al perro si me apura. Julio es húmedo, caluroso, largo, es el primer mes completo de verano con 31 días en el que el sol atiza sin piedad y el poniente asoma sin avisar. Duermes y sudas, te levantas y sudas, sales de la ducha y sudas, pisas la calle para comprar el pan o ver un concierto y también sudas, caramba. Julio es el colofón a la suma de tensiones acumuladas desde el ya olvidado mes de septiembre del año pasado. Son muchos meses en los que cada uno sabe lo que lleva en la mochila: los niños, el cole, la Navidad, la suegra, el pesado de la oficina, la subida de la declaración de la renta, aquella multa de tráfico que te rompe el presupuesto del mes, en fin, que ni se valora ni se tiene en cuenta que a estas alturas no tenemos el cuerpo para jotas. Y cuidado que, en caso de tenerlo, debemos tener el consentimiento casi por escrito. ¿Qué le voy a contar sobre todos los memes que han aparecido sobre las intenciones del gobierno a la hora de tener relaciones sexuales? Pues todo esto estresa oiga, diga que sí. No se sienta raruno si se nota irascible, tontorrón, con cambios de humor y ganas de abrazar el mes de agosto. Ni la cuesta de enero ni la vuelta al cole de septiembre. Reivindico julio como el peor mes del año. A no ser que disfrute usted de vacaciones, bribón.

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