Teatro Olympia

CARMEN VELASCO

Esta semana se nos acumulan los desatinos. Los disparates van por países. Mientras en EE UU Trump ofrece el enésimo ejemplo de su odio al periodismo con los ataques al informador de la CNN, que critica la política de migración del inquilino de la Casa Blanca; en España estamos enredados con lo de Dani Mateo (los mocos, la bandera, el humor, etcétera). No equivoquemos el tiro con la suspensión del espectáculo del cómico y periodista catalán en Valencia. El despropósito son las amenazas al teatro privado; la cancelación es una consecuencia negativa. En más de 100 años de vida, el Olympia ha bregado con todo tipo de condiciones hostiles. El escenario de la calle San Vicente dio cabida al humor corrosivo de Pepe Rubianes y a las actuaciones de Raimon cuando ningún otro empresario o sala pública se atrevió. Quien cuestiona el compromiso del Olympia con la cultura y la libertad de expresión desconoce la trayectoria del teatro y la profesionalidad de sus actuales gestores.

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