Taca-taca, taca-ta...

Las ciudades de hoy, cada vez más parecidas, viven invadidas de turistas que arrastran su maleta por las aceras

F. P. PUCHE

Da igual Madrid que Barcelona... Vas a cualquier ciudad y oyes la misma música en todas partes: taca-taca, taca-tá... El ruidito es el mismo en Bilbao que en Sevilla; y Valencia lo reproduce desde hace años. Son las maletas que ruedan sobre los baldosines de las aceras: taca-tacatá... En cada ciudad turística de España hay cientos de personas que deambulan, arriba y abajo, con su ruido puesto; son turistas rápidos que raramente pasan dos noches seguidas en el mismo agujero, que comen, toman tapas o visitan un museo con la maleta siguiéndoles con fidelidad perruna.

Los he visto intentando recorrer una catedral con su pequeña maleta, saltarina, taconeando sobre las losas de cardenales y abadesas antiguas... Son otro género de turista. Su maleta, también su culo y su cabeza, están diseñados a la medida exigente de las compañías aéreas de bajo coste. Saben volar en dimensiones inverosímiles, y comprar toda clase de billetes por teléfono; aprendieron pronto a pasar los túneles de control sin enfadarse y no les importa saber si donde van será un sitio fresco o caluroso: solo saben que vale menos de 50 euros.

Hacen bien, porque las ciudades servidas por Ryanair, Vueling o Norwegian, las ciudades enlazadas por el AVE, ya están consiguiendo ser prácticamente iguales, como repetitivas y pintadas a trepa, con las mismas franquicias y marcas. Ya no son ciudades sino su reclamo: Oceanográfico-Tiburón, Museo del Prado, Sagrada Familia... De modo que el problema, de existir, no está en ellos mismos, los nuevos turistas proletarios de la maleta traqueteante, sino en las ciudades. Porque si no se especializan, se amuerman; si no tienen museos originales, se achatan y se aburren; si no son capaces de robar una exposición o un concierto al competidor, se quedan fuera de los buscadores de internet.

Leo por ahí que en Valencia ya hay más plazas disponibles en pisos de alquiler que en hoteles convencionales... una comparación ambigua porque en Valencia debe haber tantas camas de alquiler registradas como sin registrar. Y porque los hoteles dejaron de ser convencionales el día en que desaparecieron aquellos botones de uniforme que nos subían las maletas.

Bob Dylan canta hoy en la plaza de toros. Viene de Murcia pero recorre media Europa, con su maleta y la artrosis a cuestas. Cuando miro lo de comprar entradas, el ordenador me dicen que ya quedan pocas y que somos -qué angustia- 72 personas pugnando en la misma ventanilla. El billete cuesta entre 96 y 155 euros, nada 'low cost' por lo que se ve. Así es que mientras oigo el 'tacatá' de las maletas rondando el patio de mi casa se me ocurre pensar si en la campaña electoral se van a tratar todas estas cosas.

¿Se hablará de estas formas nuevas de ciudad que están sin regular, sin asimilar, sin digerir ni debatir? ¿Seguirán los partidos pugnando con las mismas bobadas? De entrada se me ocurre que hacen falta nuevas leyes de turismo, transportes, espectáculos, vivienda, patrimonio...