Supervivientes

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

La polémica era previsible. Un gobierno de derechas, una campaña de violencia machista, una discrepancia ¿insalvable? Los carteles de la última iniciativa que la Junta de Andalucía ha presentado contra la violencia de género juegan con el factor sorpresa, pero no todos lo encuentran aceptable. En ellos, aparecen mujeres felices, sonriendo con vitalidad, relajadas y dueñas de su destino. Junto a las fotos, hay un lema inquietante y paradójico: «Ella ha sufrido malos tratos».

Parece una incoherencia, pero la relación se ve en los dos imperativos del cartel: «Denuncia. Vive». Ahí está la clave: el primer paso para salir de ese infierno y volver a vivir feliz es la denuncia. El problema es el objetivo y el destinatario. La campaña se lanza 'urbi et orbi' pero en realidad va dirigido a las mujeres. Esa divergencia produce la duda porque puede dar la sensación de que el maltrato es llevadero y no convierte a las mujeres en torturadas. Para eso, la imagen de un rostro femenino lleno de moratones y laceraciones parece más adecuado. Ahora bien, esas fotos de daños terribles a las que estamos acostumbrados también envían un mensaje preocupante a las mujeres que hoy por hoy sufren violencia, sobre todo, a aquellas que están en fase inicial o a quienes padecen violencia psicológica. La foto de un rostro amoratado les dice que llegarán a ese punto y que entonces tendrán que denunciar. El asunto no es sencillo pero lo más fácil es utilizar una campaña que, con sus aciertos y errores, tiene un objetivo legítimo: visibilizar a la mujer superviviente, ofrecer una esperanza a quien está en el pozo de la violencia, empoderar a la mujer. La crítica simplona, sin un debate serio, es pura propaganda.