Sueños son

FELIPE BENÍTEZ REYES

Pedro Sánchez duerme tranquilo. Según alertó, un pacto con Unidas Podemos hubiese desatado en el país una pandemia de insomnio: nadie podría pegar ojo ante la posibilidad de despertarse con la noticia de que le han expropiado sus latifundios, de que han nacionalizado la banca o de que la estatua de Cibeles ha sido sustituida por una de Hugo Chávez. Para evitar esos riesgos, y muchos otros que más vale no imaginar, por escalofriantes, se vio obligado a convocar nuevas elecciones, supone uno que para que la Seguridad Social no entrase en quiebra tras tener que surtir de medicamentos hipnóticos a toda la población. De modo que Sánchez duerme en paz, soñando tal vez con una mayoría absoluta o bien con ovejas eléctricas -lo que para el caso viene a dar casi lo mismo-, y los ciudadanos dormimos sosegados, soñando cada cual con lo que buenamente le dicte el subconsciente, que para eso está.

Hace unos días, mientras Sánchez dormía tranquilo, el president Torra -que, por lo que se ve, cree en todas las separaciones posibles, salvo en la de la Iglesia y el Estado- asistió, en la basílica de Montserrat, a una vigilia de oración para rezar cristianamente por sus camaradas presos, cabe suponer que con la esperanza de que la Moreneta -la deidad más independentista dentro de la categoría de las vírgenes regionales- haga el milagro de dormir a los carceleros para que los políticos encarcelados puedan huir de sus mazmorras lóbregas y arrimar el hombro en la tarea de la construcción inminente de esa república pacifista en la que la oveja dormirá en el regazo del león, que es la gran ventaja que tienen las teocracias: que el orden divino siempre beneficia al partido en el poder, así sea a escala autonómica. Entre los orantes se hallaba, en actitud devota, el expresident Pujol.

Torra leyó un texto del pastor protestante Bonhoeffer, que fue ahorcado por los nazis. Nada más adecuado, desde luego, para extrapolarlo a la situación que se vive en Cataluña. Ha sido una medida política muy inteligente por parte de Torra la de trasladar al ámbito teológico la mediación entre la justicia arbitraria y los mártires soberanistas, ya que Dios cuenta con un historial muy acreditado como favorecedor de los pueblos oprimidos, empezando por el de Israel. (Imagina uno que, tras la vigilia, los devotos se fueron a la cama. Así que todo en orden).

Y aquí andamos, en fin, durmiendo a pierna suelta, cada cual con sus fantasías oníricas. Lo malo es que la realidad común está sufriendo pesadillas desasosegantes, en el caso de que no se haya convertido en una pesadilla colectiva salvo para quienes se han arrogado la responsabilidad de gestionar el funcionamiento de nuestra realidad.

Pero ya digo: mientras todos conciliemos el sueño, la cosa va más o menos bien.