SUEÑO

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Hay mantras laicos que han suplantado a los grandes mandamientos, pero hacen el mismo papel: son guías de acción para no desfallecer ante la dureza de la vida. Uno de ellos es ese «cumple tus sueños» que nos invade por doquier y que escuchamos tanto a adolescentes como a adultos. Cumplir los sueños está sobrevalorado. No hay reality ni ejemplo de superación donde no aparezca, como si fuera posible siempre y en toda ocasión, incluso como si los sueños fueran lo más importante de la vida. Es cierto que una debe tener un objetivo vital, un horizonte y un propósito para vivir pero de ahí a convertir en sueño alcanzable cualquier cosa hay un trecho enorme. No quiere decir que una no deba querer conseguir algo y esforzarse hasta el límite de sus fuerzas por ello pero debemos tomar conciencia de que a veces no se logra lo que pretendemos o no sobrevive quien queremos por mucho empeño que pongamos en el intento. No es cierto que si luchas lo conseguirás o si lo deseas con fuerza, lo alcanzarás, como nos dicen una y otra vez. Eso sirve para una canción de Disney. Puro azúcar. A veces se pelea, se batalla a muerte o se pone toda la carne en el asador y, sin embargo, se fracasa. El fracaso es inherente a la vida pero el mantra «lucha por tus sueños» puede confundirnos. Sobre todo, puede provocar frustración en los adolescentes a quienes va dirigido el mensaje. Tendemos a educarlos en una burbuja con 'happy end'. La vida tiene moraleja y final feliz. Pero no. A veces, se muere, se fracasa, se quiebra o se pierde. No siempre se cumplen los sueños. Por eso es importante enseñarles a tener un horizonte posible. La palabra incómoda no es 'luchar' sino 'sueño'. Objetivo, futuro, plan son palabras adecuadas porque son realistas. Los sueños tienen un halo de irrealidad que resulta peligroso.