EL SUELDO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Sacrificarse de manera monjil con un breve sueldo cuando asaltó los cielos y la poltrona supuso una ridiculez. Y las exageraciones tienden hacia la caricatura. Pero nadie obligó a doña Ada Colau a cobrar 2.200 euros al mes por dirigir los destinos de la gran Barcelona. Prefirió desviar el grueso del sueldazo hacia un fondo social de su partido. El postureo elevado a su máxima expresión. Pero si durante los primeros cuatro años sujetando la vara de mando el personal se controla y disimula, conquistada de nuevo la cima, aunque a trancas y barrancas y con Valls de palmero, se baja la guardia y se comprueba lo cara que está la vida cuando la familia crece y los gastos nos devoran desde los tobillos hasta las patillas. Más la sobrecarga de trabajo, claro, aunque desempeñe una tarea donde impera la vocación, el servicio público y todos esos mantras que engatusan las almas cándidas. Total que, por si acaso, por si no repite cuando las próximas municipales, y teniendo en cuenta que por primera vez consiguió una paga estable, puntual y fija, Ada Colau se ha subido la soldada en un 40%, un pellizco, unos 900 pavos extra. No conozco ninguna empresa privada en la cual a un ejecutivo le aumenten de un día para otro ese 40 %. Estos acontecimientos mágicos sólo suceden en el ámbito de lo público regado con el dinero de los contribuyentes. A lo mejor, en vez de hidratar su bolsillo a costa del prójimo, debería de menguar las lindas limosnas que derrama hacia los satélites de su partido. Hubiese sido lo honrado. Sin embargo, para maridar las necesidades propias y las exigencias de la secta, la solución ha desembocado en aplicar el fertilizante que brota de las arcas municipales. Por la boca muere el escurridizo pez populista que, de súbito, descubre el mortal precio de la vida burguesa. Ridículos sin fronteras.