SOPA DE PLÁSTICO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Desde que tengo uso de razón se cierne sobre mi ya cincuentona chepa el fin del mundo en diversos formatos. Este incansable acabose nos acecha ládino, tenaz, impetuoso. A principios de los ochenta pronosticaron el colapso total ante la desaparición de los combustibles fósiles cuando sonase el año dos mil. Ahí nació un tipo expeditivo como Mad Max. Pero los avances tecnológicos mejoraron la prospección y la perforación, con lo cual, hasta el triunfo eléctrico, seguimos chupando contaminante gasofa. Será que hoy me he levantado contagiado por el documentado optimismo de Pinker, pero algunos logros sí hemos conseguido frente al lóbrego panorama que nos suelen vender. Las ballenas no se han extinguido, los linces tampoco. Los osos han regresado a los Pirineos y el samaruc a la Albufera. Detrás de estos éxitos se agazapa la mano del hombre, planes para concienzar la población y celebridades que basculan, acaso en actividad de penitencia pues les duele vivir tan jodidamente confortable, entre la causa del Tíbet y la preservación de los bosques amazónicos. Hemos mejorado una barbaridad y todo indica que ese espíritu no mermará, al contrario. Pero supongo que no conviene bajar la guardia, de ahí que la Fundación del Español Urgente lanza su palabra del año: 'Microplástico'. De este modo conservamos algo de nuestro miedo ante lo que está por llegar y de paso la lucha prosigue. El microplástico genera una sopa de plástico que mata bichos y termina, en ocasiones, en nuestra sibarita panza. Un asco. Pero si no nos ha matado el agujero de la capa de ozono y resto de maldiciones, también venceremos contra la amenazadora e invisible sopa plastificada. Nada, que hoy me he levantado optimista... Y mira que admiro a Mad Max y me seduce vivir en un páramo bronco en plan fuera de la ley, pero tampoco es plan.