Solo en la 'smart city'

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Las controversias en la inauguración del congreso mundial de móviles en Barcelona (Mobile World Congress) han quedado en un segundo plano cuando se comprueban las posibilidades de las TIC para mejorar la calidad de vida. Aunque este año han tenido un protagonismo especial los mayordomos y asistentes para hogares 'hiperconectados', el reto pasa por aplicar todas las TIC a la vida de las ciudades. Si Alexa, Bixby, Siri o Cortana ya forman parte de nuestras vidas como asistentes personalísimos de Amazon, Samsung, Apple o Microsoft, dentro de poco toda la vida urbana estará conectada y habremos transformado los espacios urbanos en ciudades inteligentes o 'Smart city'.

Aunque el concepto no es nuevo en política social, sí podemos decir que ahora no se aplica únicamente al cableado de fibra óptica que necesitamos para mejorar la conectividad o regular el tráfico. La transformación de los espacios urbanos en ciudades inteligentes requiere ponerse en la piel de los ciudadanos y planificar para anticiparse a problemas nuevos que están llegando. Los vecinos no nos conformados con el hecho de estar conectados sino con la posibilidad de estar comunicados. Una diferencia básica e importante porque la mejora en las conexiones es condición necesaria, pero no es una condición suficiente para la mejora de la calidad de vida. Si no tenemos nada que decirnos, ¿para que queremos las conexiones?; si no tengo familia o vecinos con los que comunicarme, ¿para qué quiero estar conectado?; si no hay nadie que me echa de menos o me necesita, ¿para qué tanta conectividad algorítmica y digital?

En el diseño de las ciudades inteligentes, hemos pasado de las 'ciudades conectadas' a las 'ciudades algorítmicas', pasando por las 'ciudades datificadas' donde lo importante son los datos. Y no sólo los relacionados con la inmovilidad insostenible del señor Grezzi, sino los datos relacionados con los niveles de renta, los perfiles familiares, sociales, culturales y sanitarios. La transformación de los datos en algoritmos debería tener como finalidad la mejora en la calidad de vida de los ciudadanos, es decir, la aplicación de los datos (del pasado) para anticipar las necesidades y dotaciones previsibles (futuro). La Obra Social de la Caixa acertó cuando focalizó el futuro de las ciudades inteligentes en la soledad de los mayores, por eso puso en marcha el programa 'siempre acompañados'.

Sin embargo, el verdadero problema cívico no está en la soledad no deseada de muchas personas mayores o dependientes, sino en las nuevas soledades, forzadas por cierto narcisismo y autismo tecnológico. De la misma forma que la crisis del individualismo norteamericano fue descrita por Robert Putnam en su famoso libro 'Solo en la bolera', hoy emerge una nueva soledad en personas que viven conectados en ciudades inteligentes, quizá ciudades sin conocimiento.