Socios o enemigos

Pablo Casado está repitiendo con Vox el error que Rajoy cometió anteriormente con Ciudadanos

CURRI VALENZUELA

La mayor parte de los candidatos del PP a presidir alcaldías y comunidades autónomas tras las elecciones del 26 de mayo no quiere que Pablo Casado acuda a sus ciudades para prestarles su apoyo durante la campaña. De forma discreta ya se lo han comunicado a Génova, donde les insisten en que el presidente del partido tiene el propósito de visitar las 17 autonomías a lo largo de las tres próximas semanas, puesto que no solo se trata de elegir cargos locales, sino de celebrar elecciones europeas que se desarrollan por el sistema de un colegio único, de carácter nacional.

Casado ya no 'vende' después de quedarse en sus 66 diputados, esa es la verdad. Lo que suceda con él y con la nueva dirección del partido salida democráticamente en un congreso hace seis meses, dependerá de los resultados del 26 de mayo. De momento, entre los barones regionales y sus jefes de Madrid existe una tregua que a todos interesa. Pero las cosas entre ambos lados no marchan bien. Es cierto que el presidente nacional ya manifiesta su vocación centrista y moderada que le piden desde la periferia, pero a los barones no les gusta un pelo que su líder se esté dedicado a criticar a Ciudadanos y a Vox precisamente en vísperas de que todos ellos estén obligados a pactar con los unos y los otros para poder gobernar ayuntamientos y comunidades.

El líder del PP que en vísperas de las generales invitó a Vox a formar parte de su gobierno en caso de que fuera necesario se revolvió contra la formación de Abascal tachándola de «ultraderecha» tan pronto como quedó claro que Pedro Sánchez era el ganador. Para Casado fue sin duda un desahogo en su afán por buscar un culpable a su descalabro. A lo largo de la pasada semana ha vuelto a insistir en ese argumento, al que ha añadido la acusación de que tanto Ciudadanos como Vox han demostrado más interés en atacar al PP que en desalojar al PSOE del poder.

El desahogo contra Vox está causando problemas al popular Juanma Moreno, que necesita de ese partido para aprobar los presupuestos andaluces. Hasta Juan Marín, su socio de gobierno, de Ciudadanos, ha dejado claro que no considera que esa sea una formación de ultraderecha. En la misma tesitura es probable que se encuentren antes de que transcurra un mes decenas de ayuntamientos y media docena de comunidades autónomas en las que el PP tiene esperanzas de gobernar...con el apoyo de Ciudadanos y Vox.

En realidad, Casado está repitiendo con Vox el error que Rajoy cometió anteriormente con Ciudadanos: el de declarar enemigos a quienes les resultan indispensables para gobernar. Sería estupendo para el PP que esos dos partidos desaparecieran y que los diez millones de votantes que le apoyaban hace solo siete años volvieran al redil popular. Pero como por lo que estamos viendo eso no va camino de suceder, más vale que les tienda puentes y les proclame sus socios.