Sociedad valenciana, despierta

La pretensión independentista de una parte de catalanes y de los actuales dirigentes de la Generalitat de Cataluña se puso de manifiesto, otra vez más, en la entrevista que mantuvieron en la Moncloa el pasado 9 de julio el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente catalán, Quim Torra, y tener conocimiento de la propuesta que este último hizo de tener una Constitución propia para Cataluña y ser un Estado soberano.

Nada novedoso. Hace años el político de la Transición española J. Solé-Tura, apuntó que el catalán Prat de la Riva alumbró visiones imperialistas que respondían a las aspiraciones profundas de la burguesía catalana y que eran el corolario lógico de la teoría y la práctica nacionalista, erigiéndose en un caudillo de un nacionalismo racista y místico burgués, propio de un sentimiento supremacista.

Los estímulos para impulsar, en mayor grado, la Gran Cataluña se activaron en Barcelona al instituir premios de cariz pancatalanista bajo la órbita del Òmnium Cultural. Entidad que creó en 1969 el 'Premi d'Honor de les Lletres Catalanes' con el objetivo de galardonar, como recogen las bases de la convocatoria, «a una persona que, por su obra, literaria o científica, escrita en lengua catalana, y por la importancia y ejemplaridad de su trabajo intelectual, haya contribuido de manera notable y continuada a la vida cultural de los países catalanes».

Preclaros impulsores de este proyecto sostienen que con prudencia jamás ha prosperado ningún imperialismo y que nunca conseguiremos la desvinculación de España, a menos que nos impongamos la obligación firme de llevar al extremo nuestra máxima aspiración.

La entelequia de los países catalanes es una megalomanía, una ambición que está en plena virulencia, una ficción anti-histórica y un producto genuino de una exacerbada política antidemocrática. Es la gran mentira histórica del nacionalismo.

El maestro de escuela y ensayista Carles Salvador, estudioso de la lengua de los valencianos, declaró: «Sòc un polític de l'idioma». Valenciano, nacido en la ciudad de Valencia, afirmó: «sòc català». «Història, llengua, cultura, voluntat es concerten per a declarar la meua no catalanofília sino la meua absoluta catalanitat».

El ensayista y sociólogo Joan F. Mira, que ha sido presidente de Acció Cultural del País Valencià (ACPV), manifestó en 1977: «Los países catalanes son el marco nacional del País Valenciano. Y sin este marco nacional, el País Valenciano no es ni carne ni pescado». Y el político valenciano Francisco de Paula Burguera, diputado nacional bajo las siglas de UCD, llegó a afirmar en 1977: «Los países catalanes son una realidad y no hay que darle más vueltas al asunto».

Por la asimilación de la cultura se pretende enarbolar la bandera del catalanismo político. Se ha mantenido que sin espíritu nacional no hay lengua, ni costumbres, ni literatura, ni arte, ni instituciones, ni ideario religioso. Y su anhelo expansivo, en connivencia con ciertos intelectuales y políticos, es materializar el proyecto quimérico de los países catalanes.

Los historiadores observamos que los nacionalismos exaltados y enfervorecidos falsean la historia con frecuencia. Una muestra la tenemos en políticos y ensayistas catalanes que han abrazado la ideología del independentismo y han infundido un cariz tergiversador a la historia, manipulando la realidad que expresan los documentos.

Los nacionalismos están erosionando, actualmente, la imagen del Estado español y cierta izquierda desorientada los está apoyando, pese a su ideología, que se diría que es cavernícola. Y se puede atribuir a una literatura negativa y a una ignorancia supina. Les sugeriríamos a los independentistas catalanes que no afirmen ese sentimiento con mentiras, adoctrinamientos y ejercicios de violencia.

Ya en 1907 el escritor y político valenciano Vicente Blasco Ibáñez arremetía contra las ambiciones de cierta burguesía catalana, y se preguntaba: ¿Piensan los catalanistas que Valencia es tierra huérfana de voluntad y de caracteres?; ¿Qué ejemplo imitan, pues, los catalanistas al intentar aquí un desembarco unidos al desvergonzado y cínico Soriano -político republicano que quiso crear en Valencia un movimiento semejante al de Solidaritat Catalana?; ¿Qué se les ha perdido aquí, si nadie les llama, ni los necesitamos ni son útiles a Valencia? Las actitudes y provocaciones de los extremistas de Arran, organización independentista afín a la CUP, y sus acciones reivindicativas en la Comunidad Valenciana, o del político Tardá de Esquerra Republicana en un acto reciente en la localidad de Barcheta son muestras de ello.

Del análisis de algunos planteamientos históricos, culturales y políticos que abordan la mala interpretación de la documentación archivística, la pretensión de hacer realidad la idea del pancatalanismo y la ficción de la idea de los países catalanes llegamos a la conclusión de que se debe rebatir las falsas premisas con argumentos y fomentar el sentimiento de valencianidad imperante en la mayoría de la población que reside en la Comunidad Valenciana.

Un proceso de despersonalización valenciana produciría, como subrayó el historiador y académico de la RACV Antonio Igual Úbeda, la «desustanciación de Valencia».

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