Sobra de todo

VICENTE LLADRÓ

Al catedrático de Economía Santiago Niño Becerra, que seguramente es un provocador nato, le hemos escuchado hace poco dos cosas que obligan a reflexionar. En su defensa de que la crisis no ha terminado plantea estas cuestiones en la base del problema: hay demasiado dinero en el mundo y existe un exceso de producción, sobra de todo. Recuerdo que era un chaval y ya le escuché algo parecido a un familiar en una conversación entre gente mayor. Hablaban de precios de las cosas y de los bienes, de lo que valía una casa, de lo que costaba un campo, de lo que habían subido los tractores o el combustible, y de lo poco que se pagaba ya entonces por las naranjas o las cebollas, siempre por debajo cuerda, la cuerda que queda a ras del coste. Hay demasiado de todo, dijo aquel hombre, labrador de pueblo que no había salido apenas de sus hanegadas, que habría leído poco, ni tenía opción de ver programas sesudos de la tele. Se refería, desde luego, a que veía mucha producción de naranjas, y de melones y cebollas cuando llegaba su momento; excesivas cosechas en su ámbito local y que extrapolaba a lo que intuía que debía ser en otras partes. Lo demás se lo daba ese saber casi innato de la gente acostumbrada a verlas de muchos colores, aunque no haya salido del pueblo, pese a no haber ido a universidades. Sobraba de todo. Al menos de todo lo que hacían él y los demás labradores del entorno. Y esa era la razón de que les pagaran tan poco, había demasiado. En cambio debía faltar de lo que compraban: un tractor, los abonos, la patata de siembra, los insecticidas... Todo tan caro porque... ahí dominaba el gran capital, el dinero sobrante que acudía a los de siempre y organizaban el cotarro en su favor. O sea, los desequilibrios de siempre, la gran historia resumida en poco: sobra de todo. Hoy más que nunca, desde luego.