CON SIRENAS Y CANTARELLAS

MIKEL PAGOLA ERVITI

Lo bonito de tener una colección de diez y nueve mascletaes en Fallas es que la variedad de hechuras de las mismas es tremenda. Para cualquiera que le guste la pirotecnia es todo un lujo: un catálogo desplegado en pleno centro de Valencia. Y, además, es de pirotecnia diurna, más austera, que permite ver perfectamente, quizá mejor que la nocturna, cómo se trabaja en cada casa. Los de Nadal-Martí, de L'Ollería, con la matriarca Nuria Martí Botella a la cabeza, tenían un mar de truenos dispuestos en una plancha que parecía haber sido colocada con nivel láser o algo parecido. Cuerdas tensadísimas, sin un pandeo ni medio. Qué sensación de pulcritud: daba gusto. «Yo es que siempre les he inculcado a trabajar con mucho orden» decía la madre de Diego, Javier y Vicent NadalMartí. Bajo ese montaje a escuadra y cartabón había unas hileras de morteros o cañoncitos pequeños cargados con pólvora prensada. Eran una suerte de grupos terrestres que esta firma ha logrado legalizar para su uso habitual como 'truenos de pólvora'. Eran algo que yo no había visto utilizar en una mascletà en esta plaza: cañones de engraellat (o pequeñas 'cantarellas'). Los utilizó tanto en los comienzos aéreos, de manera suelta, como en las tres últimas retenciones (para ello hizo hueco en las cuerdas de dichas partes del cuerpo terrestre, porque estos cañones iban en el suelo). Comenzaron con traca valenciana y la respetaron hasta el final, como se debe. Luego vino un digital muy aseado, muy clarito, en el que destacaron, sin duda, los bonitos sonidos de las sirenas (hechas en casa). Hubo movimientos claros en rotación aérea, algo de truenos eléctricos en tierra, y golpes limpios para todo. Luego hubo aéreos más tradicionales. La pena es que en el arrebato de toda esta parte las serpentinas rojas quedaron por detrás de la nube de truenos de cierre. Luego, el suelo lo vistió con espoletas de colores. Acompañó en el lado de Correos. El terremoto quizá entró un poco fuerte con seis ramales, y fue muy largo y muy fuerte (quizá demasiado para los oídos). Apantalló después toda la plaza para acabar con un golpe final perfectamente hermético, a juego con la perfección del montaje y al merecimiento de esta gran familia de pirotécnicos.