El ERE silencioso

Están cerrando el campo valenciano: caen las ventas, se hunden los precios, todo está en crisis y en especial los cítricos

VICENTE LLADRÓ

Cada vez que la Ford se resfría algo, aunque sea un poco, nos llega un estremecimiento, porque a poco que la fiebre suba unas décimas, llega a continuación el obligado tratamiento, que no es a base de antibióticos ni anticatarrales, sino en forma de ERE, y que inevitablemente trae aparejadas reacciones alérgicas que se manifiestan en otras empresas proveedoras del mismo modo: recortes de plantilla en proporción a la obligada reducción de la demanda.

Tenemos asumidos los EREs como medidas negativas de la marcha de la economía que están especialmente ligadas a las industrias, los bancos, grandes compañías de servicios... Y como tal se tratan y se entienden.

En cambio no se comprendería que, por ejemplo, diéramos la noticia de que don Mengano Fulánez ha presentado un ERE, y de extinción nada menos, por cierre total en su humilde campo de naranjos de diez hanegadas y media.

No, no le veríamos sentido. Un campo se cultiva, se riega, se recolecta, se planta o se arranca... Pero ¿un ERE? Y sin embargo es lo que está sucediendo a mansalva. ¿O cómo quieren que se denomine a lo que está sucediendo en el campo valenciano, y cada día que pasa con mayor gravedad?

Para entendernos en lo práctico, un inmenso ERE silencioso se está registrando en el sector agrario de la Comunitat Valenciana. Afecta a todos los sectores y en estos días con especial gravedad al citrícola, que representa más o menos la mitad de toda la producción agraria de la región. Al igual que pasa con las fábricas de coches o de componentes para montar coches, se trata de un ERE en cadena y por las mismas razones de todos los EREs: crisis de ventas, exceso de manos para los pedidos que llegan, necesidad de bajar producción... Y en el campo, como llueve sobre mojado y las cosas van más lentas, más que ajustar plantillas y reducir cultivos de forma programada, lo que se hace de forma espontánea, a las bravas, es cerrar el grifo definitivamente. El grifo del riego, se entiende. De ahí lo del 'ERE de extinción'.

Para el próximo lunes se ha convocado una reunión en Nules con un lema en el cartel anunciador que lo dice todo: «Tallem o seguim?» («¿Cortamos o seguimos?») Porque eso es lo que está en el ánimo de miles de agricultores y también en decenas de comerciales: ¿Continuamos a ver si suena la flauta y escampa o cortamos ya de una y dejamos de perder y de sufrir? Muchos ya lo han decidido. Están cerrando almacenes de naranjas, privados y de cooperativas. Algunos tras haber sembrado deudas, lo que multiplica la quiebra en el primer escalón. Pero aunque no medie el concurso de acreedores, es tanto lo que no se ha vendido ni se puede vender, o se regala a unos centimillos por kilo, que el resultado es similar; a lo sumo respirar un poco más para alargar la agonía. No es broma, están cerrando el campo, y a ver quién planta de nuevo en lo que se deja de lado y en qué se emplea el excedente laboral.