SIEMPRE NEGATIVOS

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Si el Real Madrid, con el entrenador que sea, gana un partido tras otro en los últimos minutos, incluso en el descuento, en el tiempo que añade el árbitro, es que es un equipo que nunca se rinde, que siente el escudo, que no da un partido por perdido. Esas victorias adquieren entonces un carácter épico porque como todo el mundo sabe -todo no pero los futboleros sí- un gol cuando ya no te lo esperas, cuando casi has asumido que ese día toca palmatoria, sabe mucho mejor, es un subidón de adrenalina que te hace estallar de júbilo y de rabia, la que estaba contenida por la congoja del mal resultado, de la eliminatoria cuesta arriba o de los tres puntos que se escapan y que te alejan del objetivo fijado al principio de la temporada. Ahora bien, si es el Valencia el que gana en esos mismos últimos minutos es suerte, chamba, la flor en el culo de Marcelino, el éxito inmerecido, el premio excesivo para un planteamiento tan rácano, el abusón que se aprovecha de conjuntos que pobrecitos míos están en crisis y a los que al parecer habría que dejar ganar o empatar al menos para que no se enfaden.

Si el mismo Real Madrid en la mejor época de Iker Casillas, que fue muy buena, o el Atlético de Madrid con Oblak consiguen retener partidos complicados desde la seguridad de la portería, atajando con firmeza todos los disparos, mandando y tranquilizando a su defensa, sacando balones que parecen imposibles, haciendo fácil lo difícil y no complicándose innecesariamente, es que son unos fenómenos, los mejores del mundo, un cerrojo a prueba de bombas, una garantía inexpugnable, los cimientos sólidos desde los que se construye toda la estructura competitiva de una escuadra ganadora. Pero si eso mismo lo hace Neto con el Valencia es que el equipo ha estado caminando en el alambre, a punto de caer al vacío, ha jugado con fuego, ha flirteado con la tragedia.

Si un entrenador como Simeone consigue que su equipo tenga una imagen reconocible basada en la firmeza defensiva, la rapidez del contrataque y la eficacia resolutiva es que claramente es un fuera de serie, el hombre que ha cambiado la historia del club y ha llevado equilibrio y rendimiento óptimo a donde antes sólo había experimentos fallidos y cambios de criterio. Pero si el que intenta hacer eso mismo -fuerza detrás, velocidad delante- se llama Marcelino es que es un aburrido, un soso, no sabe cambiar de sistema, el Valencia no juega a nada, es predecible, tiene mucha suerte, este año le ha tocado el Gordo de Navidad, se le ha aparecido la Virgen, tiene todo de cara... Y lo peor de todo es que este negatividad no se la encuentra uno en los periódicos madrileños ni en las televisiones y emisoras nacionales, que también, sino que está instalada entre muchos valencianos.