SETENTA Y DOS AÑOS

CARLOS PAJUELO

Los años del titular no celebran nada importante que tenga que ver con una de esas efemérides que tanto nos gusta airear a los periodistas, cuando no hay demasiadas cosas que decir, sobre todo en verano y por eso surgían y surgen las llamadas, históricamente, 'serpientes de verano'. ¿Entonces?

Nada. Quiero referirme a los años que tiene el Sr. Borrell que ha sido elegido en la Unión Europea responsable de su política exterior. No estoy seguro de felicitar al ministro en funciones que vuelve a Europa tras su paso como eurodiputado; un Parlamento que lo vio como Presidente entre el 2004 y el 2007. Es como volver a casa.

¿Quería volver? Yo creo que no. ¿Entonces?

Mi madre me enseñó que había que pensar mal para acertar, aunque hay que reconocer que había pasado una guerra cruenta y una postguerra compleja. ¿No tenía más banquillo el Sr. Sánchez para 'desplazar' a Europa a esta catalán constitucionalista desde su raíz?

Yo imagino una especie de partida de póker, un conciliábulo monclovita en el que su asesor principal, ayudado por los pelotas de turno, le ha comido la oreja al presidente diciéndole que: contra menos constitucionalistas tengamos cerca mejor y de esta forma parece que les hacemos el caldo gordo a los separatistas, y al propio Borrell nos lo quitamos de encima diciéndole que él es un garantía para frenar la internacionalización de los independentistas. Pero es que me ha dicho que tiene setenta y dos años y no está para muchos trotes.

Da lo mismo Jefe. Hay que vender la imagen del más alto destino y servicio a la Patria. Honor y gloria para el hombre que ya conoce Europa y será una llave para sentarnos más cerca, o más lejos según convenga. Y así ha sido. Mi admirado Borrell marcha al exilio dorado a ocuparse de torear a Alemania, a Italia que con su Salvini está dando la brasa y a esos nacionalistas del Este, como los polacos, que avanzan con fuerza.

Es un buen momento para apaciguar a Francia que con el envío del 'napoleónico' Valls nos ha puesto en Barcelona una cuña. ¡Quién sabe si puede ser un mejor interlocutor con el Vaticano tras la pifia de Carmen!