EN SERIO, ESTO NO ES SERIO

No es ya sólo que la derecha y la izquierda no se entiendan, sino que la izquierda rompe con la extrema izquierda

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La política ha entrado en una fase de enorme fragilidad y lo hace justo en el momento en el que la economía incrementa el volumen de sus señales de alarma. Miren lo que ha sucedido esta semana en España con el penoso espectáculo de un Parlamento fragmentado, dividido por la mitad entre la derecha y la izquierda, con nuevas divisiones dentro de cada grupo. No es ya sólo que la derecha y la izquierda no se arreglen -una situación desgraciada, pero muy habitual en nuestra historia-, sino que la izquierda rompe con la extrema izquierda y no se entiende con los nacionalistas, que son necesarios para proporcionarle el poder al que aspira. Si los socialistas no pueden esconder el rechazo que les produce pactar con Podemos, al otro lado Ciudadanos no oculta el malestar que le suscita sentarse con Vox en la misma mesa. «Quiero tus votos, pero no te quiero a ti» es la fórmula de moda, pero es una mala base para el acuerdo y un punto de partida imposible para cualquier fórmula de gobierno que se pretenda duradera.

Añada a esto toda una larga serie de duros enfrentamientos personales: Sánchez e Iglesias se odian, Rivera y Sánchez se desprecian, a Abascal nadie le da ni agua y de Rufián no se fía nadie. Lo que son las cosas, el mejor parado ha resultado ser Pablo Casado que, a base de no meterse en líos y desviar la atención de los dardos, ha pasado muy desapercibido lo que, paradójicamente, mejora su imagen y facilita su delicada posición interna tras su enorme y reciente fracaso electoral.

Así que para evitar la depresión podemos agarrarnos a la buena noticia económica de la semana que ha sido la confirmación de que el empleo sigue bien, aunque con menos fuelle, y que las previsiones de crecimiento mantienen su diferencial positivo con el entorno, aunque también dan muestras de cansancio. Los titulares han sido: «El crecimiento se mantiene a pesar de que no hay Gobierno». Visto lo visto igual están equivocados y deberían haber sido de éste tenor: «El crecimiento se mantiene gracias a que no hay Gobierno». En serio, esto no es serio.

Me encantó el viernes la ministra de Hacienda en funciones (uno se hace viejo y sensible, ya se sabe) cuando dijo -cito de memoria-, que «creo en este país y en sus políticos, aunque entiendo que la gente no crea en nosotros... Tenemos la obligación de sacar el Gobierno adelante». Pues eso, a ver cuando la asumen.

La nueva cita, si la hay, será en septiembre, cuando todo se torne más complicado. La sentencia del 'procés' caerá como una bomba, ya sea exculpatoria -la bomba la padeceremos quienes nos creímos que eso de la república iba en serio- o condenatoria y entonces la sufrirán los independentistas. ¿Se podrá formar un Gobierno en esas circunstancias, cuando no se ha hecho ahora? Lo dudo mucho.

Yo me consuelo mirando alrededor, donde hay mal de muchos, aunque ya sé que eso es de tontos. Y ¿qué veo? Pues veo a los británicos haciendo bueno el aforismo que asegura que no hay situación, por mala que sea, que no sea susceptible de empeorar. En consecuencia, han elegido a un prestigioso pirómano como Boris Johnson para apagar el pavoroso incendio del 'Brexit'. ¿Qué va a pasar en octubre? Después de tantas negociaciones y de tantos acuerdos alcanzados y luego rotos, la UE no puede ceder en el asunto de Irlanda y Boris se ha comprometido a no aceptarlo en ningún caso. Estupendo.

Y veo a Italia hecha unos zorros, lo cual no es novedad pero tampoco es tranquilizador; y veo a Macron temblando en el alambre de los sorprendentes chalecos amarillos; y veo a Alemania en tiempos de inestable mudanza; y veo a las instituciones europeas cambiando de caparazón con nuevos líderes; y veo al Banco Central Europeo pensando en bajar más los tipos y regando más el dinero, lo cual es terrible pues es la constatación evidente de que el enfermo europeo no reacciona; y veo a Donald Trump dando tumbos en sus políticas con sus bravatas comerciales; y veo el aumento de la tensión en el crucial estrecho de Ormuz y, para terminar, ¡respiro!, veo que se va usted de vacaciones. Que las aproveche. Descanse, se lo ruego, ya nos cansaremos a la vuelta.