No es serio

No lo es que algo tan importante como una investidura haya estado dominada por la improvisación, el efectismo y el postureo

CARLOS FLORES JUBERÍAS

No es serio que las negociaciones para la formación de un nuevo Gobierno se demoraran hasta el viernes anterior al martes en el que el Congreso debía votar la investidura de su presidente, cuando previamente habían transcurrido tres meses, tres, desde que los españoles acudieran a las urnas. Y menos aun que la vicepresidente Calvo las festejase el sábado por la noche afirmando con su habitual desparpajo que «por nosotros no va a quedar para que pueda haber un acuerdo el lunes».

No es serio que la elaboración de lo que el artículo 99 de la Constitución llama «el programa político del Gobierno que pretenda formar» no la haya llevado personalmente el candidato a presidente, ocupado al parecer en menesteres de mucha mayor trascendencia; sino su habitual equipo de fontaneros, ninguno de los cuáles acabará dando la cara ni ante los españoles ni ante sus representantes.

No es serio que cuatro días después de afirmar que Pablo Iglesias no podía formar parte de un Gobierno del PSOE, Sánchez parezca dispuesto a colocar en su Ejecutivo a cualquiera de los más cercanos colaboradores del líder de Podemos, cuyas discrepancias ideológicas y estratégicas con éste -en un partido que con el tiempo se ha revelado el más estalinista de todo nuestro espectro- son por definición inexistentes.

No es serio que al tiempo que el PSOE veta la presencia de ministros de Podemos en los llamados «ministerios de Estado», Sánchez se muestre proclive a confiarles responsabilidades tan relevantes como nuestras relaciones laborales, nuestro modelo de desarrollo ecológico, o nuestras políticas sociales. Como si quien no fuera de fiar a la hora de confiarle la vida, pudiera serlo para custodiar nuestra cartera.

Y no es serio que siendo el catalán el principal y más complejo problema político de este país, quien pretende encabezar su Gobierno pasara de puntillas sobre él en su discurso ante el Congreso, hurtándole a los españoles una explicación clara de cuáles son sus intenciones al respecto.

De hecho, estoy por decir que el único episodio serio de toda esta chusca negociación es el que hace ya más de un mes dejó sellado el ministro de Fomento José Luis Ábalos con los regionalistas cántabros de Miguel Ángel Revilla, amarrando así el voto de su único diputado. Una negociación hecha con una profesionalidad verdaderamente propia de otros tiempos: «Necesitamos vuestro voto» -debió de decir Ábalos-. «Pues a nosotros nos vendría de perlas una conexión de la alta velocidad desde la Meseta a Reinosa y la duplicación de vía entre Santander y Torrelavega» -debieron de responderle Revilla y los suyos-. «¿Alguna otra cosa?», «pues también está pendiente una nimiedad de 121 millones para el Hospital de Valdecilla», «pues no se hable más», «pues andando, que ya solo os faltan 52 votos para la mayoría absoluta».

¿»Vieja política»? Por supuesto: pero entre esto y la improvisación, el efectismo y el postureo de la «nueva política», ¿con qué se quedarían vds.?