Septiembre y Séneca

Mucho del bienestar de las personas que queremos depende de nuestra actitud y esfuerzo diarios

VICENTE GARRIDO

Al regresar de las vacaciones es toda una decisión de salud mental prestar atención a los asuntos del mundo. No podemos sino preguntarnos: ¿Cómo podemos hacer las cosas tan mal? Boris Johnson haciendo de filibustero con el 'brexit', poniendo en jaque a las instituciones británicas y sin excluir a la reina, a la que puso en un serio compromiso. ¿Y qué decir de Trump? Lo de querer comprar Groenlandia ya fue de nota, pero suspender el viaje que tenía que realizar a Dinamarca cuando se le dijo que debía estar bromeando, con la excusa de que esa respuesta era un insulto al pueblo americano, ya fue directamente de psiquiátrico. ¡Y este hombre rige los destinos de Estados Unidos! Todos los días me he de pellizcar porque no acabo de creérmelo. Claro que Bolsonaro (otro narcisista de libro) deja quemarse el Amazonas antes de pedir ayuda internacional, porque no quiere ser tratado «como presidente de una colonia»...

Podría seguir, porque en España pintan bastos para este último tramo del año, y vuelvo a repetir algo que escribí hace algún tiempo. Es posible que todos nosotros, los votantes, votemos 'muy bien', y que nos indignáramos si alguno nos dijera que votáramos 'mejor', pero eso no quita para que sea meridiano que los políticos que hemos elegido no saben qué hacer con los votos que les hemos dado. En otras palabras: les exigimos una capacidad de compromiso y comprensión del bien común que está más allá de sus capacidades. ¿Es que nadie puede salir y decir: "Miren, este pacto incluye cosas que me duelen mucho, pero con sus votos no hay más remedio que tragarnos esto y esto otro si queremos que haya un gobierno"? No parece.

Así pues, es un buen momento para volver a Séneca. Este filósofo estoico que fue tutor de Nerón (lo que le costó la vida), destacó la importancia de encontrar la felicidad en el compromiso pleno con nuestros deberes. No se trataba tanto de que la plenitud estuviera esperándonos en la medida en que encontráramos nuestra auténtica vocación y pudiéramos dedicarnos a su solo cultivo, sino que era de sabios buscar la excelencia en aquellas actividades que, de un modo u otro, en nuestros roles de ciudadanos, profesionales, padres, vecinos, etc., tuviéramos asignadas por las circunstancias de la vida. Séneca advertía que era la entrega noble a los deberes lo que nos hacía seres equilibrados y dignos de ser respetados.

Tomemos sus palabras en serio en estos tiempos inciertos. El mundo puede venirse abajo, pero hagamos lo posible para dar lo mejor de nosotros mismos cada día. ¿Por qué no esperar un efecto contagio 'hacia arriba'? Al fin y al cabo, mucho del bienestar de las personas que queremos depende de nuestra actitud y esfuerzo diarios. No perdemos nada en aferrarnos a la 'noble entrega' de Séneca, y es muy probable que tengamos mejor cara y más aguante ante lo que nos espera.