UN 'SENTIMENT' DE PADRES A HIJOS

Cuando uno es padre, de entre los primeros regalos siempre encuentra algún detalle que referencie a su equipo de fútbol. Ya es mala suerte que con el tiempo se aficione a otro equipo. Lo sigues queriendo igual, claro, pero echarás de menos esa complicidad por los mismos colores, ese 'sentiment' compartido que es alegría en las victorias y decepción en las derrotas. No prestará la misma atención cuando le cuentes, y le enseñes los vídeos en Youtube, cómo Piojo López volvía loco al Barça por la soberbia de Van Gaal de adelantar su defensa, o rememores el golazo de Mendieta en la final de Copa en Sevilla, donde ahora volveremos buscando el mismo objetivo.

Cuando eres padre, y tu niño comparte la afición por el Valencia CF, también le cuentas las decepciones, que tu única visita al Camp Nou, a su edad, fue para certificar nuestro descenso a Segunda, o las vueltas tristes de Paris y de Milán, resquebrajándose los sueños de ganar la Champions. Y que tantos ilusionantes veranos preludian la frustración de los inviernos. Porque este centenario del equipo le demostrara que aunque el fútbol se mide por victorias y derrotas, la pasión por tu equipo no es nada resultadista, que en esto del fútbol, gana uno pero disfrutan, sienten, padecen, jalean o lloran millones de aficionados. Y nosotros, hijo, tú y yo, lo hacemos con el Valencia.

Es una suerte que padres e hijos compartan la afición por un deporte, y en concreto por un equipo. Y madres e hijas, pues según el estudio Sportscope de Kantar Media, realizado en la última Eurocopa, las mujeres ya son el 40% de la afición futbolística. Muchos padres -y madres- comparten con sus hijas el amor al Valencia desde hace tiempo.

Es una suerte, decía, tener una afición común que genere ese espacio de complicidad y ese tiempo compartido entre padres e hijos. El ritual de ir juntos al Mestalla, de comentar los fichajes, de vibrar con los goles, padre e hijo, juntos. Y es una suerte, entre otras muchas cosas, porque es también una buena excusa para educarles, para transmitirles valores que el pasar tiempo juntos permite. A mi entender, Mestalla entra en lo que se denomina como tiempo de calidad que los padres pasan con sus hijos.

Para ello, claro, el primer paso es no convertirse uno mismo en un energúmeno, olvidar que el ejemplo es la principal herramienta educativa que tenemos, y acudir al campo como quien va a una batalla donde no se recojan a los heridos. El fútbol no es excusa para caer en la contradicción de exigir a los niños un buen comportamiento, un civismo en el trato con los otros, tanto en la escuela como en casa, y nosotros insultar y reirnos del contrincante. Sobre esto, me impresionó el respeto sobre el rival de la afición del Villarreal en su campo.

Pero no basta el comportamiento propio, porque según los vecinos de asiento que te toque en Mestalla, el fútbol puede no ser recomendado para determinadas edades porque "puede contener groserías, tacos, insinuaciones sexuales, amenazas y toda clase de insultos" como determina la calificación PEGI que se aplica a los videojuegos. Al igual que en Mestalla ya no se fuma, no estaría de más un esfuerzo para que no se insulte y se parta de la premisa educativa de que se anima al equipo propio y se deja tranquilo al equipo contrario.

Es bueno, de hecho, que los equipos de fútbol compartan con los padres esta trasmisión de valores educativos. Ya lo hacen en asuntos como la lucha contra el racismo o los ejemplos de solidaridad, o los pasos que está dando hacia la igualdad de las mujeres. Pero hay otros valores cotidianos en los que sus futbolistas también son referente y no sólo de tatuajes y peinados. El fútbol vive la paradoja de que siendo un deporte colectivo, su difusión avanza hacia la individualización de los éxitos. Un ejemplo es el espacio de Deportes en los telediarios: primero el deporte se redujo al fútbol; después, éste al Barça y a Real Madrid; ahora, a Messi y Ronaldo.

Según una encuesta de Adecco de 2018, el 19% de los niños quiere ser futbolistas. Yo le digo, para ser futbolista hay que estudiar mucho. Posiblemente no sea exacto, pero también el fútbol tiene la responsabilidad de que para ser futbolista, no haya que estudiar menos, que el deporte no sea escoger solo una carta demasiado pronto.

De los goles no sólo se recuerdan quién los metió, sino con quién los vivimos. Una suerte compartir con un hijo los goles que vendrán.