La selección altruista

Esta persistencia en demostrar que se quiere y se anhela el mando por encima de todo es algo obsceno

VICENTE GARRIDO

Los estudiosos de la evolución humana han descrito dos fuerzas impulsoras en el desarrollo de nuestra especie. La primera es el "gen egoísta»: los individuos actúan para aumentar su beneficio en términos de supervivencia; los organismos individuales son aquí los que pelean por la existencia, aquellos más dotados para imponerse en la lucha por dejar más descendientes son los triunfadores. La segunda plantea que existe una selección altruista, en la que no es el individuo más apto sino el grupo más solidario el que aumenta la supervivencia. Aquí el grupo presiona para que los individuos colaboren en busca del bien común, aunque ello imponga sacrificios a los miembros, quienes deben perder en ocasiones incluso su vida para que todos ganen. En la actualidad -y simplificando mucho- muchos científicos creen que ambos procesos son compatibles, y que el éxito evolutivo dependió del equilibrio entre el egoísmo del individuo y el compromiso hacia el grupo.

Este teatro evolutivo lo acabamos de ver en la investidura fallida de la semana pasada, donde no hubo manera de conciliar el egoísmo de los líderes y sus partidos con el beneficio grupal, si entendemos por tal el Congreso de los Diputados que representaba a toda la nación. El tiempo dirá si ese resultado pasa factura al PSOE y a Unidas Podemos, o si por el contrario mejoran sus resultados electorales. También podría decirse lo mismo de la actitud de Ciudadanos y el Partido Popular, aunque es cierto que mientras que aquellos son (al menos teóricamente) aliados naturales, estos son sus opuestos en el espectro político, y después de haber sido denostados por Sánchez ofrecer la mano hubiera exigido un gran alarde de altruismo, es decir, de generosidad («olvidemos el pasado y colaboremos para sacar adelante esta legislatura; lleguemos a un acuerdo»).

Al impedir dos veces Unidas Podemos que gobernara el PSOE se ha hecho evidente el valor que tiene el poder sobre cualquier otra consideración. Hay que tener mucho estómago para pulsar el botón de la abstención desde el lujoso chalet en el que se está instalado mientras se pregona la lucha contra los poderes establecidos. Esta persistencia en demostrar que se quiere y se anhela el mando por encima de todo es algo definitivamente obsceno. Se lo recriminó el representante del PNV a Iglesias: el cielo no se gana por asalto (uno de los eslóganes del Podemos primigenio), sino nube a nube. Sin embargo, como científico social, todo lo que vi tenía su lógica, porque esas luchas han creado el ser que somos. La cultura (el buen gobierno) consiste en comprender que a veces es necesario el sacrificio del individuo (el partido) para que la tribu (España) sobreviva. Lo que vi fue una representación plenamente antropológica, tan vieja como un millón de años. Lo que no vi por ningún sitio fue la selección por altruismo.