SEINFELD SE PONE SERIO

OSKAR BELATEGUI

Un superviviente del Holocausto se muere de viejo y sube al cielo. Se encuentra con Dios y le cuenta un chiste del Holocausto. Dios le reprende: «No tiene gracia». Y el anciano le contesta: «Tendrías que haber estado allí». El chiste pertenece a Ricky Gervais y se lo cuenta a Jerry Seinfeld en 'Comedians in cars getting coffee', que estrena nueva temporada en Netflix. Ya saben, la serie de entrevistas en las que el cómico recoge en uno de sus coches clásicos a alguno de sus amigos famosos -de Obama a Jerry Lewis- y charlan al volante antes de tomarse un café en un bar de Nueva York o Los Ángeles. Los límites del humor es el gran tema de esta nueva tanda de encuentros, en los que algunos de los invitados se confiesan atemorizados a la hora de desafiar los tabús de la corrección política. Entre taza y taza, el salvaje Gervais acierta a definir los mecanismos de la comedia: «Cómico es una persona normal intentando hacer algo de lo que no es capaz. De eso nos reímos, y cuanto mayor sea su ángulo muerto, más interesante será».

A bordo de un Porsche Carrera GT, un Eddie Murphy inesperadamente serio desgrana anécdotas impagables: sus visitas a la mansión de Michael Jackson, con el chimpancé 'Bubbles' encerrado en una jaula por su agresividad, o su amistad con Sammy Davis Jr, al que el actor describe como un aspirador de cocaína. «La gente no entiende que a nosotros todo nos hace gracia», reflexiona Seinfeld ante su amigo. «Todo eso de ir con cuidado es para el público. Si alguien se ha muerto, es divertido dos minutos después». Murphy, desaparecido del mapa en los últimos tiempos, le descubre los cuatro héroes en los que basó su carrera: Richard Pryor, Elvis Presley, Bruce Lee y Muhammad Ali.

Seth Rogen, el hombre del momento en la comedia yanqui, trabaja al mismo tiempo en cuatro programas y varias películas. El tipo que escribió 'Supersalidos' con 13 años confiesa que cuando empezó a hacer monólogos en Los Ángeles entendió que no era ni la mitad de bueno que sus competidores. «Comprender que puedo herir los sentimientos de la gente no significa que me tenga que reprimir -filosofa-. Sé que hay líneas rojas y lidio con ellas caso por caso».