La sastrería de Ximo Puig

FERRAN BELDA

A la abogacía de la Generalidad no es prudente irle con prisas. Y Ximo Puig, que entró en el Palau el mismo día de 1982 que Lerma, debería saberlo. A un departamento que lleva 37 años beneficiando a los grandes bufetes con sus inhibiciones no le puedes pedir de hoy para el mes que viene que te redacte un pliego de descargos sobre los charcos en los que hayas podido hozar en tu triple condición de presidente, distribuidor de la propaganda oficial y accionista del diario Mediterráneo porque se le olvidarán detalles fundamentales y quedarás como la Chata. Pero el (aún) Molt Honorable no quiso recurrir a bufetes independientes, como hacían sus predecesores, para no incurrir en contradicciones con la política de nacionalizaciones trazada por su gobierno. Y habrá que ver cómo explica ahora las diferencias abismales existentes entre lo expuesto por la abogacía en su patético alegato en el sentido de que no le iba nada en este envite y lo declarado por el director general del IVF Manuel Illueca al estallar el escándalo. Se lo recuerdo: «Fue la abogacía de la Generalidad la que me recomendó que esperara al decreto [del Consell] para cubrirme las espaldas» porque «si no, podíamos acabar todos en la fiscalía». ¿Las ignorará o pasará sobre ellas silbando, como la sastrería, digo abogacía en un texto que la convierte en seria aspirante al galardón que anualmente concede el Gremio de Sastres y Modistas? O, por seguir con lo más embarazoso, qué hace con las acciones que tan jugosos réditos económicos y mediáticos le han dado. ¿Las conservará, amparándose en que para la desinhibida abogacía autonómica no hay nada de malo en que parta y reparta aunque una parte de lo que reparta termine en su bolsillo, o se las legará a sus hijos? Lo que, desde luego, no va a poder hacer es transferírselas a su hombre de confianza en el consejo de administración de Pecsa, ese órgano de dirección al que jamás ha pertenecido, según la doctrina oficial; porque maldita la falta que le hacía, añado yo. En principio porque los tiempos de Eivisa quedaron atrás y el derecho de adquisición preferente le corresponde a Prensa Ibérica. Y después porque su amigo, paisano y asesor fiscal Eliseo Allepuz Ferrer falleció en 2017. La mujer del presidente, Amparo Panadero, lo contó en la columna que publicaba en aquel entonces en Mediterráneo: Ximo lloró «del dolor y la tristeza» que sintió al conocer la noticia. La muerte puso fin a «más de 40 años de amistad, de cariño y de complicidad absoluta», reconoció el propio Puig en el homenaje que la junta general de accionistas de Pecsa le tributó al consejero fallecido el 27-06-2018. En la crónica del acto, firmada por el tercer miembro de la familia Puig-Panadero relacionado con Pecsa, el hijo mayor, se relataba que Allepuz constituía para el político «un contrapunto prudente, serio, riguroso, responsable». Todo lo contrario de lo que ha demostrado ser él en este negocio.