Santi Mina

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Santi Mina me parece un tipo honrado. Un delantero que hace de sus limitaciones una virtud. Por Mestalla, desde que tengo uso de razón futbolística, he visto pasar a un buen puñado de arietes honestos, con más o menos suerte, pero siempre con la verdad por delante. Muchos de ellos, después de no haber podido triunfar en esta casa, han vivido días de gloria con otra camiseta. Santi Mina aterrizó con el cartel de hombre de Jorge Mendes, el amigo del dueño. Una etiqueta en forma de losa que ha condicionado en muchos casos la opinión de la grada y de los medios de comunicación sobre el gallego. No me escondo, soy el primero que he tenido y he publicado mis dudas sobre si Mina tiene el nivel exigido para jugar en el Valencia. Los hechos del gallego me han hecho cerrar la boca. Los prejuicios existen y te hacen equivocarte una y otra vez. Hay fichajes, con formato de estrella, que se convierten en auténticos engañadores. Otros, como es el caso de Mina, se ganan minuto a minuto el respeto y reconocimiento de sus aficionados. El Valencia de Rafa Benítez ganó la Liga sin delanteros de relumbrón. Aquel equipo triunfó por la honestidad de cada uno de sus jugadores. En las botas de Mista está parte de la culpa del aquel doblete histórico que convirtió al Valencia en el mejor equipo del mundo. El de Caravaca llegó a Mestalla con la vitola de recomendado del entrenador y con goles calló las voces críticas que dudaron de sus cualidades como delantero. Salva Ballesta rindió en cada oportunidad que le dieron y el brasileño Oliveira hizo más que un sofá en el salón de casa a pesar de sus idas y venidas en el once titular. Me acuerdo de tipos como Xisco Muñoz, eficiente profesional. Diego Alonso y Lucarelli no lucieron pero lo intentaron hasta con el último gramo de sus posibilidades. Vlaovic buscó su hueco entre los destellos de Claudio López e Illie, los preferidos por la afición. Pepe Gálvez fue importante en el Valencia de Luis Aragonés y quizá Penev nunca hubiera alcanzado el cartel de ídolo sin Eloy Olaya a su lado. Es imposible no mentar a Aduriz, a la sombra de Soldado. Y no hay que olvidar que David Villa aterrizó en Mestalla en silencio y como suplente de un Kluivert que era el fichaje estrella. En la época de las vacas flacas Sixto Casabona llegó a ser una de las grandes esperanzas mientras Montes se quedaba a medio camino. La grada pedía a gritos a Pedro Alcañiz porque el castellonense jugaba a pecho descubierto. Siempre que salió lo hizo para marcar goles. Pero entre todos ellos, me quedó con la franqueza, honestidad y verdad de Juan Sánchez. Delantero de la casa, jugador de Champions e icono del obrero del área con aquella celebración de uno de los dos goles al Leeds que valían más que una final de la Liga de Campeones.