Sanferminización

BORJA RODRÍGUEZ

Los que estuvieron se fueron y los que huyeron, volvieron. Sin olvidar a los falleros, verdaderos protagonistas de la transformación que experimenta la ciudad de Valencia desde la primera mascletà y hasta el último aliento de las brasas. Hoy la ciudad amanece tranquila pero laborable, al ralentí, con la resaca todavía en el cuerpo de muchos actos falleros y con la obligación de continuar trabajando. Como cada ejercicio, llega el momento de hacer balance para analizar lo bueno y lo malo de las fiestas Josefinas. Es innegable la dificultad que supone desplegar un dispositivo con la previsión de que se duplican los habitantes, pero vamos, nada nuevo que no sepamos: cortes de calles, carpas, desfiles, mascletaes, puestos de churros, batucadas, carteristas... y un millón de visitantes que vienen a vivir las auténticas Fallas de Valencia. No hay año que no se produzcan botellones y masificaciones de gente incívica que actúa de noche en modo fiesta como si estuviera en un vertedero. Orines, vómitos, botellas, vasos, bolsas y más orines en la zona de la Lonja, Mercado Central y Santos Juanes, triángulo de nuestro patrimonio cultural. No me imagino esta situación en los alrededores del Coliseo o en la Fontana di Trevi pero sí que la sufrimos repetidamente en las Fallas de Valencia.

La incontrolable batalla alcohólica no es un problema de previsión de las autoridades (que también lo es), sino una falta de alternativas a los miles de visitantes y ciudadanos que no viven la fiesta desde dentro de una falla. ¿Qué apuestas o inversiones ha realizado este gobierno municipal para confeccionar unas actividades que satisfagan el gusto de casi dos millones de personas? Si no eres fallero, el ocio nocturno que ofrece la ciudad no puede gestionar la masificación de tantos visitantes. No hay conciertos excepto los que se celebran antes de Fallas a cargo de empresas privadas, no hay actos culturales ni eventos que paralelamente abran un abanico de posibilidades a la tradicional fiesta, para los jóvenes y no tan jóvenes. ¿Qué esperan entonces? Me quedo con las declaraciones del alcalde Ribó cuando respecto al macro botellón, en la ciudad que dirige hasta dentro de poco, solo se le ocurrió hacer un llamamiento para que «utilicen envases reutilizables». Malditos jóvenes, no os enteráis, bebed en vasos de cartón para evitar la invasión del plástico. Desde Alcaldía, poco más se puede esperar. A los que vengan el 26 de mayo, espero que agilicen los trámites de licencias y permisos, que trabajen en más alternativas para todos, que analicen la realidad que tienen en sus narices y que no piensen en salvaguardar su trasero. A los de ahora, el twitter (postureo) lo manejan de lujo pero me pregunto que lo de trabajar, pensar, gestionar, si... ¿no será demasiado pedir?