Sánchez bajo control

Si se le anima a pactar con los radicales, el resultado es peor para los ciudadanos y no mejora la opinión de los indecisos

M.ª José Pou AMÉRIGO
M.ª JOSÉ POU AMÉRIGO

Desde que cambiaron los exámenes de septiembre a julio, los estudiantes saben que su última oportunidad llega antes del verano. O para entonces se han esforzado y han obtenido resultados, o la alternativa es empezar de cero en el siguiente curso. Así deberían verlo sus señorías para elegir al próximo presidente del gobierno. Sin embargo, no parece que estén dispuestos a hacer el esfuerzo final. Entre unos y otros, repetiremos curso en el próximo otoño.

En el entorno político, repetir significa volver a votar sin que las posiciones hayan cambiado demasiado ni el hartazgo de los ciudadanos haya disminuido. Al contrario. Hacernos votar dos veces en cada elección es contraproducente, no solo por el precio que pagamos -el coste del proceso- sino por tener que pasar de nuevo por una campaña engañosa, falaz y ramplona para conseguir un resultado más o menos similar. Es cierto que algunos partidos confían en ese 'revival' para mejorar sus cifras pero el núcleo esencial en cada voto no cambia en exceso. Es posible que Podemos se hunda un poco más y eso es lo que busca Sánchez; que Ciudadanos se diluya también un poco y eso beneficie al PP o que Vox desinfle el espejismo en el que vive.

En cualquier caso, no parece razonable la postura de la derecha respecto al inevitable gobierno de Sánchez. Es lógico que PP y Ciudadanos no quieran apoyar al candidato socialista, el mismo que sufrió la defenestración de su propio partido por no apoyar a Rajoy y el que urdió la moción de censura para sacar al PP del poder. Sin embargo, apelar a esos detalles evoca cierta emotividad que convendría mantener a raya. En los partidos suele primar la estrategia y ésta necesita inteligencia emocional, en este caso, olvidar rencillas y vendettas y centrarse en lo que quieren los españoles, en el bien común e incluso en la posibilidad de vender un discurso de responsabilidad política. Es cierto que los votantes del PP o de Ciudadanos no quieren ver a Sánchez en la Moncloa pero un Sánchez debilitado es lo mejor que les puede suceder para que la tortilla se dé la vuelta. Desear que ese Sánchez tenga el apoyo de los radicales o de los extremistas nacionalistas para derrotarlo más fácilmente poniendo en evidencia sus cesiones es intentar abarcar mucho para apretar poco. Es más rentable si funciona, pero más vale pájaro en mano. Y ese pájaro es Sánchez sin apoyos y exigiéndole un tono atemperado y una posición socialdemócrata, centrada y sensata. Sería mejor para España y dejaría en evidencia sus flirteos con los radicales. Si por el contrario se le anima a pactar con ellos, el resultado es peor para los ciudadanos y no mejora sustancialmente la opinión de los indecisos sobre el sentido de Estado de la derecha y el centro derecha. Abstenerse no sería tan penalizado como creen salvo que estén ya de nuevo en un intento por quitar espacio a Vox, una estrategia que le salió muy mal al PP no hace tanto.