Romero y lotería

ARTURO CHECA

Darse un paseo por la calle, especialmente por las zonas más turísticas, basta para cerciorarse de que la picaresca, el Lazarillo de Tormes o el Buscón de Quevedo seguirían desentonando muy poquito en la actualidad. Que eso del final de la crisis, los gobiernos de las personas primero y la política humanitaria, tiene mucho de 'lirili' y poco de 'lerele'. Que quien más, quien menos, tiene que sacarse las castañas del fuego como puede. Primera prueba de ello. Gran Vía de Granada. Parada del autobús turistico. Una gitana (sin ánimo de ser racista, es que de esta comunidad acostumbra a a ser esta farandulera práctica) me aborda para ofrecerme la clásica ramita de romero a cambio de leerme la mano. Acepto porque a mí estas cosas me dan respeto. «Ayyy, que te va a ir muy bien en el trabajo, y en el amor, echa la lotería aquí en Granda, que te va a tocar... que vas a tener una larga vida, y dos niñas y un niño....» ¡¡STOP!! El vídeo del recuerdo se para. Igual que en ese momento vi yo la guisa de la actuación, al echar un vistazo a mis dos (DOS) hijos (y ninguna niña), lo que echaba por tierra la profecía de la pitonisa. Mientras el romero llegaba a mi mano, yo saqué un euro, más solidario que otra cosa. «¡Nooo, son cinco euros!», fue su contraataque. Mi negativa a cambiar mi moneda desató su molestia. «¡Pues entonces dame el romero!» Y me quedé sin euro ni ramita. Y consciente de cómo se busca la gente la vida. Segunda prueba, horas después en un bar. Un tipo me ofrece lotería nacional. Se me enciende la bombilla al recordar una de las profecías de la fracasada futuróloga. Le doy una oportunidad y compro. Me pide ocho euros. Una vez con el décimo en la mano veo que costaba cinco. Reventa al canto. Otro que se busca la vida. Y luego dicen que la crisis pasó. Por cierto, ni un céntimo me tocó. Bravo por la pitonisa.