RIÑAS DE GALLOS

TEODORO LLORENTE FALCÓ

LA VALENCIA DE HACE UN SIGLO

En Valencia hace cincuenta años había gran afición a este espectáculo de la pelea de allos, y uno de los que más contribuyeron a fomentarla fue don Esteban Martínez Boronat, un inteligentísimo industrial, dedicado al ramo de curtidos, el cual elevó, juntamente con su hermano, a gran altura, aplicándole todos los procedimientos modernos. Tanta importancia alcanzó su tenería que cuando visitó Valencia el Rey don Amadeo, enseñáronle los tres principales establecimientos: la fábrica de mosaicos Nolla, la filatura de seda de Fontanals y la tenería de los hermanos Martínez.

·Este artículo pertenece a las Memorias de un setentón, una recopilación de evocaciones publicadas entre 1943 y 1948 por Teodoro Llorente Falcó, segundo director de LAS PROVINCIAS

Don Esteban Martínez no vivía más que para su establecimiento industrial. Los ratos que le quedaban libres dedicábalos a la escopeta y a sus gallos. Castelar, de quien era gran amigo, le instó varias veces para que interviniera en la vida política, y siempre se negó a ello. Don Amadeo le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica, por el impulso que había dado a su industria, y ni siquiera sacó el diploma.

En los primeros años del pasaso siglo estuvo en Valencia un famoso gallego llamado Cuevas, entgrenador de estas aves del gneral Ros de Olano, un buen aficionado a este espectáculo, y en un coto de siete peleas ganó a los valencianos cinco. Esto picó el amor propio de don Esteban, que asistía como esepctador, y desde entonces se aficionó a aquellas peleas, consiguiendo de un tal Faustino, dedicado al comercio de allos, que le vendiese siete de una clase llamada Teranes, que alcanzaba gran fama. No se contentó con esto el comprador, sino que además hizo indagaciones sober quién había sido el creador de aquellos gallos, y averiguado que se llamaba Miguelillo de Cádiz, a su viuda le compró cuanto tenía de gallos, gallinas, polluelos, sin reparar en precio. Sabedor de que el citado Faustino había soltado la baladronada de que contaba con gallos muchos mejores que los adquiridos hasta entonces por don Esteban, se los compró también.

En estas condicineos presentóse a las galleras el entusiasta aficionado, y el triunfo de sus gallos se tocaba uno con otro. El espectáculo con esto se remontó mucho. En sus corrales preparaba las emparejadas, hacia la cría y repartía los gallos por el campo, llegando algunos años a tener 400 de estos animales. Pero con tanto esplendor, al cabo de poco tiempo hizo imposible la afición en la ciudad. No había competencia posible. Pero en Alcira y Carcagente, debido a que los hortelanos criaban buenos gallos, la afición se mantuvo con gran entusiasmo. Aún se llama la «gallera» el principal Casino de Alcira, porque allí había un circo de pelea.

Galleras hubo muchas en Valencia. EN la calle de la Zaidía estaba la más antigua. Después otra en la plaza de San Vicente, al final de la calle de las Barcas; en 1870 se inauguró otra en la calle «dels Oluders», fernte al horno, calle que popularmente se le denomina del «Pudor». Todavía puede verse el circo en la casa número 7 de dicha calle, destinada a almacén de tejidos. La última gallera estuvo en la calle de Maldonado.

Entre los aficionados recuérdanse a don Roque Paulín, al conde Sotoameno, al comandante de penales Rojo, al magistrado Miura, a los hermanos Verdeguer, a los Sirera, y los nombres de Cebriá, Royo, Caruana, Artal, Meliana, Benlloch, Taroncher, Quesada, Gurrea, figuraban siempre en la lista de concurrentes, sin olvidar los de los populares Calvo «El Palmiter», Doro «El Tendero», Vicente Peris «Capeta» y Felipe Alabau «Veintiundit».

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