RIESGO DE INVOLUCIÓN

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

El mayor peligro de involución democrática para España no lo representa Vox, por más que la izquierda y sus voceros se empeñen en convocar a sus huestes a una tragicómica alerta antifascista que, en efecto, como apuntaron ayer tanto el PP como Ciudadanos, suena muy rancio, muy de otra época, muy guerra civil, no pasarán, Madrid será la tumba del fascismo y todas esas milongas viejunas que a Pablo Iglesias le gustan tanto, casi casi como lo de levantar el puño. Tampoco lo es la alianza de conservadores y liberales con la derecha radical, como ha ocurrido en Andalucía, porque aunque al principio parezca que la coalición se va a escorar hacia el extremismo, lo que razonablemente ocurrirá será justamente lo contrario, que se acabará imponiendo la normalidad, la estabilidad, el sentido común. El grave riesgo procede de una izquierda, tanto la socialdemócrata como la comunista 2.0, que se niega a aceptar las reglas de la democracia cuando no gana, cuando la calle, los electores, eligen otra opción que no es la suya. La tentación callejera (¿revolucionaria?) del autocalificado progresismo político no es nueva, pero no hay que ir a buscarla en 2004, en las famosas concentraciones ante las sedes del PP el día antes de unos comicios que tras los atentados del 11-M dieron la vuelta a las encuestas para hacer presidente a Rodríguez Zapatero. No, es preferible retroceder un poco más y viajar en el tiempo hasta esa etapa tan idolatrada precisamente por la izquierda que se llama II república. Ahí encontraremos el episodio de la revolución de 1934, un intento fracasado que costó muchas vidas para tratar de lograr por la fuerza lo que no daban las urnas, testarudas y libres. Porque la república, para gran parte de la izquierda, sólo podía ser revolucionaria, no cabía la posibilidad de un sistema como el inglés o el francés, con una alternancia tranquila, el modelo a seguir era otro, era el de la Unión Soviética. Por eso, no puede extrañar que en 1936, ante los comicios de febrero que ganó el Frente Popular (aunque investigaciones recientes hablan de un pucherazo en toda regla) Largo Caballero amenazara con que o vencían ellos o la guerra civil, curiosa manera de entender las reglas de la democracia. Los anuncios de movilizaciones antes siquiera de que se empiece a gobernar en Andalucía, la resistencia a aceptar el resultado de las elecciones, el tremendismo y la descalificación del oponente o la increíble capacidad para engañar (o tratar de engañar) a la ciudadanía haciendo ver que Vox no es un partido constitucional (como si eso les importara a la hora de pactar con Podemos o los independentistas catalanes) nos sitúan ante un escenario muy preocupante en el que la democracia sólo es asumible cuando gana la izquierda pero no si lo hace la derecha. Ahí esta el riesgo.

 

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