Al rico dilema

Con el matamoscas en la mano vemos llover dilemas complejos; es el anuncio de un otoño muy especial

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Dilema nº1: el precio de la pólvora se ha puesto por las nubes, de modo que si disparo lo mismo que el año pasado tendré que reducir el presupuesto de cubatas.

Dilema nº 2: si la comunidad autónoma de Madrid, gobernada ahora por las derechas, decide bajar los impuestos, va a poner en riesgo los conceptos de las autonomías de izquierdas, basados en aumentarlos... desde luego al servicio del estado de bienestar.

Dilema nº 3: como gran parte del alcantarillado de Valencia se renovó en los ochenta y los noventa, es necesario programar importantes inversiones de mantenimiento; pero si gasto dinero 'bajo tierra' tendré que reducir las vistosas inversiones en superficie.

¿Dónde gastar, dónde invertir para que el dinero genere el mayor provecho posible, general y particular? Con el matamoscas en la mano, los veraneantes olfatean la lluvia y se adentran en los dilemas más inquietantes y dolorosos del verano: el incendio de Gran Canaria, el conflicto del 'Open Arms', el nuevo intento rechazado de Unidas Podemos por alcanzar un acuerdo de gobierno. El agua es la premonición de un otoño complicado. España, empeñada en parecerse a Italia, se desliza hacia unas elecciones de otoño. Como en Italia, el valor simbólico de las elecciones se nos desgasta; y las urnas se van convirtiendo en la encuesta más fiel que los partidos tienen para dirimir sus batallas y prolongar sus mandatos, cortos, provisionales y de oportunidad. De modo que ya no hay diferencias entre los comportamientos 'de gobierno' y 'de campaña': todos son igualmente hipócritas, trapaceros, de estrategia y conveniencia.

¿Pero dónde está Pedro Sánchez? ¿Por qué no ha ido a Canarias y Casado sí? «El presidente es un ser humano y merece también unas vacaciones», responden de modo oficial. ¿Y Macron, dónde está Macron? ¿Dónde están los responsables de Europa entera, en medio de esa gran farsa incómoda del barco de refugiados? Asusta la fragilidad, la debilidad de todo un continente, que hace posible que una sola persona, el capitán de un barco privado sin licencia de rescate, se ponga a dictar en televisión lo que el mundo debería hacer, con el chantaje emocional de los refugiados como arma arrojadiza.

Débil Europa, que empeoró la situación de Libia y no quiere ahora repararla, como debería, con una intervención armada y copiosas inversiones. Débil España, que espera el 11 de septiembre y la sentencia de Cataluña. El problema -como el de los incendios forestales, el de las autonomías y sus finanzas, el de la renovación del alcantarillado de media ciudad- no se resuelve con retoques emocionales sino con políticas de muy larga distancia y alto voltaje moral. Y eso requiere gobiernos fuertes, estables, serios, comprometidos en el servicio a una democracia sin populismos. Gobiernos de emergencia y gran colaboración, forjados -en todos los niveles, empezando por el municipal- por las tres grandes fuerzas políticas que se abrazan al tronco de la Constitución: PSOE, PP y Ciudadanos.

Hacer que la gente vuelva a la realidad con media docena de ideas serias sería su primera misión. Pero el problema es que las ideas no les vienen aunque se dejen crecer la barba.