Ribó, pida el VAR

La gestión en las concejalías está tan atascada que no se entiende el discurso triunfalista del gobierno del Ayuntamiento

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Tenía cuatro números apuntados en un trozo de papel de la ejecución del presupuesto municipal a 30 de junio, pero es imposible evadirse de la final del Mundial, donde por cierto en la finca donde vivo iban todos con Croacia y a los gritos me remito. Por eso ha sido inevitable imaginar al alcalde Ribó pidiendo el VAR para comprobar que la gestión de las concejalías es tan nefasta como muestran los números. Un 12,5% de inversión acabada, sobre todo obras, es un pobre balance para un gobierno municipal que llegaba con la vitola de la renovación y de hacer las cosas de otra manera. Lo del cambio de paradigma que se cansan de repetir ha tenido un efecto limitado en los proyectos del Ayuntamiento que llegan de verdad a los vecinos, es decir, las iniciativas terminadas y listas para entrar en servicio.

Los 20,9 millones de euros es una cantidad inferior a la del primer semestre del pasado año y notablemente más baja a la de 2016. Por eso me choca tanto el triunfalismo que emana de las concejalías con un discurso engañoso. El ejemplo más claro son las inversiones votadas por los vecinos, donde ya es habitual comprobar el retraso en que se conviertan en una realidad, con algunas pendientes desde 2016. Nació como una manera asamblearia de repartir el dinero, lo que luego deparó en un particular juego de ver quién moviliza a más personas en las redes sociales para adjudicarse las obras, pero se han convertido en la prueba del algodón de que todo no funciona tan bien como se quiere vender a la opinión pública. De ahí que visualice la imagen de Ribó pidiendo el VAR para contrastar ese triunfalismo con la realidad tozuda de los números. Es obvio que la gobernanza es más difícil cuando se trata de tres partidos con intereses tan dispares como Compromís, PSPV y València en Comú, y con unas fuerzas tan desiguales en la junta de gobierno, aunque en el año (menos) que resta de mandato, la alcaldía debería remitir una circular a las delegaciones advirtiendo de que el presupuesto está para ser ejecutado. Sin más.

De nada sirve llegar a los 166 millones de euros de inversión si te has podido gastar sólo menos de 21 millones en seis meses. Veremos qué pasa en el segundo semestre, donde el reto es llegar por lo menos a la mitad, es decir, 83 millones de euros. En algunos barrios están más que hartos de que siempre les cuenten las mismas historias mientras los solares permanecen embarrados, los alcorques vacíos y para ir a un polideportivo público hay que viajar en autobús.

Es curioso que un gobierno tripartito tan flojo en la ejecución de las obras funcione tan bien en la amortización de la deuda, donde la última refinanciación de los préstamos ahorrará dos millones de euros a las arcas municipales. Todo un capital para ayudar por ejemplo en una reducción real de las tasas e impuestos para favorecer a las empresas y las familias. Este año, de nuevo, se congelarán todos pese al escenario idóneo para una reducción que atraiga más inversiones para Valencia.

El concejal de Hacienda, Ramón Vilar, presentó esta semana la ordenanza fiscal para 2019 sin apostar por esta reducción, más allá de algunas medidas de maquillaje electoral como la bajada del 50% del IBI a entidades culturales que programen actividades en valenciano o el 95% del mismo impuesto a los agricultores que tengan sus tierras en cultivo. El primer apartado no está cuantificado en el presupuesto, pero el segundo sí y refleja su efecto más que limitado. Este año, el Consistorio espera recaudar 124.000 euros si todos pagan los recibos que ya se han girado.

Sólo con la refinanciación de la deuda se podía haber bajado mucho más en otros impuestos como todo lo relacionado con la rehabilitación de edificios para viviendas. Y si añadimos los 1,5 millones que se esperan recaudar del Impuesto de Construcciones a las entidades religiosas que se benefician ahora de la Ley de Mecenazgo, entonces más sencillo. Pero no ha sido esa la decisión del gobierno tripartito.

Las bonificaciones del Impuesto de Construcciones se ciñen a la reforma de viviendas para personas discapacitadas, lo que tendrá un coste mínimo en el presupuesto. Una oportunidad perdida para encarar el año electoral con un gesto al maltratado contribuyente, harto de ver que todos los recibos están repletos de tasas e impuestos. ¿Bajará el próximo año la tasa de tratamiento de la basura? Sería todo un detalle con los vecinos de Valencia, por lo menos para compensar el hediondo olor de los contenedores en verano.

 

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