Ribó en estado puro

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

El candidato de Compromís a la Alcaldía de Valencia en las elecciones del día 26, Joan Ribó, pretende a estas alturas desvestirse de cualquier ropaje con tintes nacionalistas que le pueda restar votos procedentes de la izquierda 'españolista'. No hay más que recordar los magros resultados que cosechaba el Bloc -uno de los partidos, el principal, sobre el que se montó la coalición- para darse cuenta de que los mensajes soberanistas no calan en la Comunitat. Al menos de momento. Pero una cosa son las tácticas de campaña y otra muy distinta la realidad del día a día en la gestión del alcalde de la ciudad. Ese mismo Joan Ribó que marca distancias con el nacionalismo es el que ha regado de subvenciones a asociaciones como Acció Cultural del Pais Valencià, que no sólo no oculta su catalanismo -lo cual es perfectamente legítimo, por otra parte- sino que hasta organiza un acto para reclamar la libertad de los políticos catalanes encarcelados por su desafío al Estado con el referéndum ilegal del 1 de octubre. Un evento que se celebrará en el Centro Octubre, el edificio rehabilitado gracias a la ayuda del Govern catalán. Mientras que a algunas entidades como Lo Rat Penat y la Real Acadèmia de Cultura Valenciana se les cierra el grifo del dinero público alegando -qué ironía terminológica- que son «secesionistas» porque no aceptan la unidad de la lengua (valenciano/catalán) y defienden la diferenciación idiomática, el ayuntamiento, el Consell y la Diputación no paran de aprobar nuevas partidas para Acció Cultural, El Micalet o Escola, que en ocasiones flirtean y en otras van descaradamente de la mano de los auténticos secesionistas, los políticos, los intelectuales y los dirigentes sociales catalanes que quieren romper España.

El Ribó que se distancia -ahora- del nacionalismo es, sin embargo, el mismo político que afirma que la extrema derecha «ya ha estado» en el ayuntamiento este mandato, en alusión al PP y a Ciudadanos, a algunas de sus actitudes y propuestas. Mientras juega a presentarse ante los valencianos como un hombre moderado, nada radical, que huye de etiquetas y de banderas, su talante sale a la superficie al catalogar de extremistas a los partidos que no comulgan con su ideario, que no comparten su visión de la sociedad. Tampoco nos vamos a extrañar de que un veterano militante del comunismo, reconvertido por necesidad en un ecologista de izquierdas o un izquierdista verde, señale como de «extrema derecha» a partidos de ideología conservadora o liberal que en las elecciones de 2015 recibieron el respaldo de miles de electores. Pero ese escaso respeto a los representantes institucionales de muchos de los vecinos sobre los que gobierna no encaja con el perfil del hombre tranquilo y centrado que se esfuerza en transmitir.