El Rialto

Son los guiños de cada cual, más popular Rita Barberá y más selectos, Joan Ribó y Sandra Gómez

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Cada grupo político que dirige el ayuntamiento tiene sus lugares fetiche. Son espacios y referencias simbólicas que intentan resumir todo un programa, una forma de ver la ciudad y una manera de visualizar sus prioridades e incluso traslucir sus lobbies. Los tiempos de Pérez Casado y, en menor grado, Clementina Ródenas, se relacionan con el antiguo cauce del Turia, el Palau de la Música y los jardines de Ricardo Bofill y el Vetges-Tu. Eran los inicios de la sensibilidad ambiental, de la apertura de Valencia a su propia ciudadanía buscando lugares de encuentro al aire libre y poniéndolos, sobre todo, al servicio de las generaciones más jóvenes. Tenía sentido en los 80, los días de la Movida y la conciencia de estar construyendo una España distinta, europea y moderna.

El marco en el que se situaba Rita Barberá, en cambio, eran los mercados. Ella siempre fue la reina de los mercados y aunque Ribó lo intentó mínimamente, como hizo con el cauce del Turia, sabe que esos son lugares que el imaginario colectivo relacionará siempre con los alcaldes anteriores. La etapa del PP también se vincula con la megalomanía de los grandes espacios y una nueva zona del río: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, por eso el equipo actual tampoco se deja ver demasiado con el principal icono de los fastos exagerados, las corruptelas y el despilfarro sin control. Por el otro lado, Ribó podía haber apostado por los animales si realmente se creyera lo de Bienestar Animal. Le pone un piso pero se desentiende, o sea, le pone una concejalía, pero no se vincula ni adopta la protección animal como una seña de identidad propia. Ni siquiera escoge como escenario un gran parque, no ya el Parque de Cabecera más vinculado con el PP, sino el Parque Central, también impulsado por el equipo anterior, pero terminado e inaugurado por éste.

Fue la alianza autonómica la que apostó por un espacio natural como el Botánico. No era tanto una referencia ambiental como el símbolo de una lucha ciudadana, una causa 'Salvem el Botànic' que iniciaría otras más en la estela 'salvem'. Así, el acuerdo de gobierno para la Comunitat sería bautizado como 'El Pacte del Botànic' y, ahora, el Botànic II. El equipo de Ribó, en cambio, ha escogido lugares cerrados pero muy reveladores: el primero fue la Nau, la antigua sede de la Universitat y hoy su espacio cultural de referencia, mientras que, en la renovación del acuerdo entre fuerzas políticas, han elegido el Rialto, el lugar de la Filmoteca para lo que han llamado «un pacto de cine». No parecen gratuitos ninguno de ellos. El Botánico habla de movilización y de naturaleza mientras que la Nau y el Rialto remiten a las elites culturales: la universitaria y la cinéfila, alternativa y cultivada. Son los guiños de cada cual, más popular Rita Barberá y más selectos, Joan Ribó y Sandra Gómez. Con ellos se reflejan y señalan a sus aliados. Unos y otros saben qué pueden esperar.