Los retornos

MIQUEL NADAL

En esta semana, y hasta en dos ocasiones, he escuchado la indicación de que esta o aquella decisión pública, poseer un medio audiovisual público, invertir en la Universidad, se justifican según el informe que ha hecho no sé quién, en el retorno que provee a la sociedad, y en su impacto multiplicador. No salían los panes y los peces. La prueba del 9 se expresa siempre igual, y se utilizó antes para justificar, no sé sabe muy bien con qué metodología de cálculo, para justificar los ingresos y el empleo que venía de la America's Cup, de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, competiciones de tenis o festivales de música. Por cada euro invertido hay un retorno de X euros, que justifica la decisión. Por mi ignorancia económica, no puedo desmentir los cálculos, pero hay algo que me falla. De ser cierto, y sumando todos los retornos que se derivarían de las decisiones públicas, habría que comenzar a considerar porque la consecuencia de la liquidación del presupuesto no es el reparto de dividendos al contribuyente, sino el déficit. Mi propia nómina, al acabar el mes, es un caso paradigmático de retorno, pues cada euro se va lamentablemente a otro lugar, a los impuestos, al comercio, a las tasas universitarias, la luz, el gas y el agua, los pases del Valencia y así hasta el final. Ciertamente, con el discurrir de los años, cuando el optimismo que nace de la inocencia es ya recuerdo de un momento en el que no sabía nada del funcionamiento de la sociedad, el chequeo de las decisiones públicas se acaba convirtiendo en la expresión de dos preguntas esenciales: lo que cuestan las decisiones públicas y la identificación de los que acaban pagándolas o beneficiándose. Cualquier política o decisión pública, en cualquier sector de actividad, debería llevar adherida una etiqueta semejante a las etiquetas comerciales, o a los prospectos de los medicamentos, en la que constara la composición de la norma y de la política, sus contraindicaciones, sus efectos secundarios y hasta si se quiere los retornos. Las familias que viven de la subvención, los efectos de las autorizaciones que se introducen en un Decreto o la prohibición de una actividad. En nuestro mundo ya todo es susceptible de justificación, y con un cierto grado de ideología, la capacidad de defensa de las decisiones crece de forma exponencial, porque no hay mejor manera de implantar las decisiones que pensarlas al gusto de los que luego no tendrán ninguna dificultad en defenderlas, aunque no salgan los números. En su libro 'En presencia de Schopenhauer', recuerda Michel Houellebecq esa cita de Chesterton en 'Herejes', hablando del coraje rotundo, lo que sería el equivalente a la valentía en la política, «consiste en subir a lo alto de una torre para afirmar a la multitud reunida que dos y dos son cuatro». Con los retornos, no haría falta ni siquiera ser valiente. Dos y dos nunca son cuatro.