REPOSICIONES Y NOSTALGIA

LUIS ANARTE

Sin miedo a que me tilden de cotilla en el autobús, siempre arriesgo una mirada indiscreta si mi compañero ocasional de asiento disfruta de una serie en su móvil. Si apostase un euro a que 'Friends' es el título preferido en estos trayectos sé que ganaría en la mayoría de los casos y viajaría en taxi. Después de todo, la comedia sentimental de los seis amigos en Nueva York sigue siendo una de las favoritas del público, más de dos décadas después de su creación.

'Friends' se ha convertido en la estrella de la corona para las plataformas de 'streaming'. Netflix pagó 100 millones por no perderla pero en 2020 se moverá a la futura HBO Max. El último capítulo se emitió hace quince años y, para desmayo de la edad de muchos, una vez escuché sobre ella: «Estoy viendo una serie antigua que...». Al margen de su descubrimiento por generaciones terminadas en 'ial', cabe preguntarse por qué preferimos una historia memorizada a base de repetición a una de las más de 450 que se estrenan cada año. Como una versión de 'zapping' sin anuncios, uno puede pasar más tiempo navegando por las opciones de las plataformas que viendo un capítulo en sí. Y al final, se acaba por acudir a lo malo más que repetido antes que a lo bueno por conocer.

Las reposiciones, fundamento de la mayoría de canales de TDT y de tardes y noches de sofá, delinean una zona de confort, de no preocupación, donde deja de existir incluso el espacio-tiempo. En el mismo día, los niños de 'La que se avecina' pueden llegar a crecer diez años. Decidir y pensar se convierten en innecesarios.

¿Un consejo para la vida y la televisión? No abusen de las reposiciones. Tienen efectos secundarios. Es una nostalgia estupefaciente, una forma de doparse nada natural para asumir el paso del tiempo. Es como acudir a la ficción para entender la realidad, al estilo del personaje Martin Tupper en la genial 'Sigue soñando', de los creadores de 'Friends'. Su cabeza reaccionaba ante la vida con escenas de televisión de su infancia. Pero reconozco que si la repusieran volvería a verla. Pero recuerden, la melancolía es mala consejera.