¿Repetición de voto?

JUAN CARLOS VILORIA

Si un ser superior no lo remedia, en noviembre el cuerpo electoral tendrá que volver a las urnas para desbloquear lo que la clase dirigente ha sido incapaz de hacer en estos siete meses tirados a la basura de la política. Ahora la cuestión es ver si un periodo tan corto de tiempo será suficiente para que se produzca un movimiento de votos en los bloques centro-derecha y social-populista para conceder una clara mayoría a uno de ellos sin necesidad de apoyarse en los escaños nacionalistas. Esos meses de interinidad con el verano por medio no han hecho factible ni una acción de gobierno que ofrecer a los votantes ni un trabajo de oposición que avale a otro aspirante. Así que, a falta de razones políticas, actuarán sobre la conciencia electoral las razones emocionales. Y hay que tener presente que nunca la razón le ha ganado la batalla a las emociones. En ese terreno hay que descontar el voto cautivo en la derecha o la izquierda de esos millones de ciudadanos que se irán a la tumba con la misma papeleta en la mano. Ese es el suelo en que se apoya cada bloque pero no suficiente para conformar mayorías. Los que van a decidir el desbloqueo son los volátiles del cuerpo electoral. Los que cambian de papeleta, los que se abstienen, los que votan en blanco, los que dejaron de votar y ahora vuelven.

Esos comportamientos más anímicos que políticos estarán canalizados por el hartazgo ante la incapacidad de la nueva clase política para mejorar la eficacia de la vieja; por el escepticismo sobre la profesionalidad y la ejemplaridad de la clase dirigente. O por el resentimiento contra una u otra fuerza política a la que se responsabilizará del vacío y la incompetencia. El resentimiento opera como un voto de odio y resquemor entre fuerzas de base social compartida. En este caso pasará más factura en el bloque social-populista que en el bloque de centro derecha. Porque la escena final en el Parlamento de Pablo Iglesias pidiendo, mendigando, una llamada, una última oportunidad a Sánchez y éste despreciando con soberbia a Unidas Podemos, pesará mucho en el ánimo de sus votantes más inestables. Sadomasoquismo político. Los votantes jóvenes que animados por el discurso de 'la nueva política' hicieron un esfuerzo venciendo su abstencionismo crónico y regresaron o fueron por primera vez a votar, pueden quedar definitivamente frustrados por el desengaño y la desilusión del divorcio entre el socialismo y el populismo.

Pero en tiempos de flaquezas económicas y laborales mucha gente todavía depositará su última esperanza en los políticos y los dará una nueva oportunidad. Pensarán, ingenuamente que Sánchez, Casado, Iglesias son los únicos que les pueden dar un empleo, una jubilación decente, un salario mínimo nórdico, un piso gratis. Y seguirán confiando. Aunque por encima de todo quien canalizará esas emociones, argumentos, tesis, premisas, será el aparato mediático. Ellos harán el relato. El peso mediático será decisivo en el resultado de las nuevas elecciones. Ahí se dará la gran batalla.