El reparto

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Mana un perfume entre magnánimo y pomposo en esto de repartir los cargos de las empresas públicas mediante la ventolera digital. Conceden las canongías con modales de gran señor de antaño. ¿Y por qué depositan tan altas responsabilidades entre los amigachos? Pues porque pueden. Eso mismo respondió un asesino en serie cuando, tras detenerle, le interrogaron acerca de su letal actividad. «Pues porque podía», dijo.

Esta práctica de generosidad brutal a costa del dinero del contribuyente no es nueva. Se hizo antes, se hace ahora y lo peor es que seguirá vivaracha con el próximo caudillito. Se conoce que les encanta alcanzar la cúspide para derramar premios entre el círculo de los íntimos que les acompañaron durante la travesía por el desierto. Fueron escuderos fieles, soportaron los flechazos de las mesnadas enemigas y, por fin, se les adjudicó la formidable poltrona. Durante la Reconquista también otorgaban castillos y villas a los nobles que destacaban por su valor y fidelidad cuando el fragor del combate. Tampoco hemos cambiado tanto, ahora, en vez de espada y armadura, los leales vasallos arrojan pedradas cuando las campañas de redes sociales armados con su telefonillo inteligente y sus gafas de montura moderna. Sorprende el sueldo de Jordi Sevilla, más de medio millón de euros al año por estar al frente del chiringuito eléctrico. Sin embargo, si pudiese elegir entre esos cargos que se han sorteado gracias a la mano todopoderosa del líder, escogería el de jefazo de los Paradores Nacionales. Ah, qué maravilla inspeccionar esas lujosas posadas cuajadas de venerable historia y genuino arte. La red de Paradores, por cierto, la creó el dictador Primo de Rivera. Espero que no apliquen melindres de memoria histórica al respecto no sea que acaben fastidiando la bicoca a un barón de Sánchez...

 

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