RELOJES EN MARCHA

VICENTA RODRÍGUEZ

Hemos vuelto a poner los despertadores. Cada mañana saltamos de la cama para comenzar la vida cotidiana. Va quedando en el rincón de los recuerdos veraniegos el toque del reloj de la torre del pueblo, que hora tras hora nos marcaba el tiempo vacacional y el rítmico tañer de las campanas, que los domingos nos llamaban a misa y luego al vermut. Estos días miramos más el reloj -el de pulsera o el móvil- para llegar a todos los sitios lo menos tarde posible. El reloj biológico se acopla, lentamente, a la realidad escolar y laboral. La sociedad se mueve a golpe de calendario escolar y ya tenemos en el almanaque de la cocina, los días sin clase y algún que otro puente, las reuniones en el colegio y las fechas de las evaluaciones. Las familias comienzan a organizar los turnos de recogida, de los niños, de las extraescolares ¡¡como siempre!! los abuelos entran en acción en calidad de 'servidores sin horario', cuando les toca y cuando se ponen enfermos los pequeños, cuando hay una reunión en el trabajo y los padres van a llegar más tarde. Haciendo frente a los imprevistos, el reloj del abuelito siempre marca la misma hora: disponible.

Nuestros relojes colegiales marchan acompasados con los educandos, casi nunca en punto porque cada uno tiene su ritmo, porque cada estudiante es único. Las programaciones y los proyectos marcan el tic tac de la enseñanza, con menos alumnado dicen las estadísticas y más deudas, porque la Administración empieza a tener retraso, como los relojes antiguos, en el pago de la partida de otros gastos.

Los partidos políticos ya han puesto los relojes en hora para medir el tiempo electoral. Cada minuto está calculado para una promesa, aunque sea vaga e inalcanzable. Algunos buscan su puesto en las listas y como si fueran un reloj de cuco, se asoman por las organizaciones con frecuencia programada para cantar su biografía cucú. Otros prefieren el modelo reloj de arena y van pasando de una agrupación a otra, siempre pegados al poder, los sueldos y prebendas pasan sin fin, como los granos de una ampolla a otra. También encontramos políticos reloj de sol. Solo aparecen cuando pueden brillar y procuran hacer sombra sobre aquel espacio que no interesa iluminar.

 

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