RELINCHAR EN LIBERTAD

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Cuando escucho a algún gerifalte deslizarse por la senda magnánima anunciando su, en principio, loable intención de premiar a los buenos ciudadanos siento un ligero escalofrío recorrer el espinazo porque los premios suelen venir acompañados de acciones punitivas. Te portas bien y te premio graciosamente. Te portas mal y te castigo por tu bellaquería. Así funcionaban en el cole de nuestras infancias. Te apuntan un más o un menos según tu comportamiento y con ese sistema extendían el miedito que nos mantenía sumisos, anestesiados, obedientes. Lo peor era un punto negativo marcado con el boli rojo. Resultaba difícil superar aquella mancha. Premiar a los buenos ciudadanos de Valencia que reciclen ufanos su basura se me antoja un regreso al parvulario. El brío reciclador, lo están estudiando, se recompensaría descontando unos céntimos de la tasa basurera que pagamos en el recibo del agua. Pretenden premiar un acto que debería ser habitual porque creen que somos unos cochinos y que sólo con los estímulos cimentados en la calderilla aprenderemos. En algunas ciudades chinas las cámaras de reconocimiento facial vigilan a toda la población. Controlan las compras, las rutinas, en fin. Si te pillan agenciándote más alcohol de la cuenta te fastidian para que el transporte público te cueste más caro o te impiden viajar con libertad. Buscan súbditos de alma borrega y corazón manso. Buscan autómatas cumplidores con las obligaciones. Buscan una masa sin pensamiento crítico. Aterra observar hacia donde se dirige esa dictadura comunista/capitalista. Cuando un cargo habla de premiar al prójimo mi sesera forja la imagen del azucarillo que el adiestrador le ofrece al caballo que olvidó el relincho de la vida salvaje y libre. No necesitamos generosidad postiza de premios para reciclar, gracias, sólo buena educación.