REDENCIÓN

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

No me atreveré a censurar a los que gustan de participar en esporádicos saraos de nostalgia peleona. Nada tiene de malo zambullirse en el pasado, recordar viejos capítulos, bailar al son de músicas noventeras, como sucedió hace unos días en nuestra ciudad. Algunos conocidos acudieron a esa llamada y tajaron recio. La resaca les pasó factura porque el cuerpo ya no anda lozano y además faltaba entrenamiento. Nada, en efecto, se les puede reprochar pues sin duda necesitaban una escapada puntual para divertirse. Sin embargo se me indigesta cuando ciertos elementos se lo montan de supremacistas respecto al tiempo durante el cual vivieron la noche y sus consecuencias. El mantra de «antes sí que molaba la música y nosotros sí que disfrutábamos» no sólo me espanta, sino que apesta. Cada época ofrece sus frutos, conviene, pues, buscarlos y saborearlos. Es un error concluir que lo nuestro era mejor por el simple hecho de que nos acompañaba la juventud. Las personas con este mensaje fatigan. Demuestran que su paladar se mustió, que su olfato dejó de funcionar, que sus inquietudes (y es lógico) se han encaminado hacia el fin de mes, la hipoteca, el trabajo, los niños, el ex o la ex y resto de farragosos asuntos que conforman nuestra rutina, nuestra lucha cotidiana. El transcurrir de los años y los reveses inevitables les han cercenado la sensibilidad. Atrapados por la espiral de sus tareas domesticaron sus apetitos artísticos hacia el pensamiento perezoso de lo que ya escuchaban. A estos amigos que hundieron sus ilusiones en el pasado les recomiendo siempre la originalísima banda 'Mastodonte', liderada por Asier Etxeandía y Enrico Barbaro. «Acabaré vomitando todas las flores que jamás te envié», suena en su tema 'Redención'. Si esto no es poesía que venga Rimbaud y nos fulmine mediante justiciero rayo.