REALIDADES PARALELAS

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Un buen día me traspasó la iluminación al detectar un detalle llamativo que hasta entonces, supongo, permanecía hibernado. Por meras cuestiones laborales he tratado, tampoco demasiado, con políticos de todos los colores en saraos de diversos pelajes. Pues bien, un elevadísimo porcentaje de ellos jamás hablaba sobre cómo mejorar la vida de los ciudadanos porque su charla versaba, casi exclusivamente, acerca de las intrigas que debían de sortear en su mismo partido para continuar agarrados a su bicoca. Jibarizaban el universo a su persona y a su entorno inmediato. Entiendo también el desgaste que semejante zafarrancho produce, no fiarte ni de los tuyos, sobre todo de los tuyos, genera paranoia, desconfianza, resentimiento. Andar atento a la puñalada que te pueden propinar contra la espalda sin duda erosiona las energías y distorsiona los paladares. Van a lo suyo y los que de verdad se encargan del funcionamiento diario son los probos funcionarios, que los hay. Obsérvese que, pese a la incertidumbre política, no existe merma en las cifra de crecimiento, con lo cual, si efectuamos una análisis algo simple, cierto es, concluimos que la empresa y los currantes continúan desarrollando su labor más allá del gobierno o de la falta de gobierno. Bélgica estuvo casi dos años sin gobierno en plena crisis y la esquivaron con mayor brío que otros. Apuntan los especialistas, sin embargo, que discurrir descabezados pasará factura pues al medio plazo algunas situaciones pueden anquilosarse primero y pudrirse después. No milito en el bando de los expertos, no me atrevo a pronunciarme, pero me alegran los datos que revelan óptima musculatura y, por aquello de abrazar el escepticismo, sólo pido a nuestros dirigentes que molesten lo mínimo posible y que procuren no avasallar con tanto frenesí nuestros bolsillos.