Rarezas que no sorprenden

MARÍA RUIZ

Hay cosas extrañas, aunque no nos sorprendan. Extraño es, por ejemplo, que un recluso acuda con escolta del Ministerio del Interior desde la prisión al lugar al que hace su voluntariado. Pero no es sorprendente y quien se haga el sorprendido finge y camufla una realidad inapelable: un Real Decreto que establece las normas de seguridad de la familia del Rey. Otra cosa ya es la salida, cuestionada por la fiscalía.

Extraño es que el Consell de Puig sólo haya ejecutado a mitad de año un 17% del presupuesto inversor previsto, esto es, 330 de 1.900 millones. Aunque no puede asombrarnos la falta de liquidez en las arcas autonómicas para el gasto si la manida pero tristemente incuestionable parálisis de un Ejecutivo en funciones impide la llegada de dinero del Estado.

Tampoco nos choca estrenar la celebración de las cuartas elecciones generales en cuatro años. Superada la vieja 'Borgen', nos adentramos en un paisaje por descubrir en el que no pinta descabellado superar el récord con una quinta cita electoral. El surrealismo del siglo XX no tendría hoy lienzo ni papel suficientes para reflejar esa evolución del caos que sus autores manifestaron entonces. Si acaso, se aburrirían mortalmente. Y nosotros con ellos si no fuera tan imperiosa la necesidad de romper un bloqueo que debe avergonzar a nuestra ¿clase? política y lo que es peor, que ataca mortíferamente el estado del bienestar.

Irregular es que administradores del dinero público lo desvíen a cuentas personales en Andorra, Panamá o Jersey. Pero el listado es tan amplio que tampoco nos sorprende ya, por ejemplo, una nueva cuenta de los Pujol en un paraíso fiscal. La historia sitúa una de las primeras corrupciones en el reinado de Ramsés IX, 1100 a.C. en Egipto. La última, siempre está por descubrir. Como las singularidades que ya no nos asombran.